Me voy… pero sólo a la vuelta de la esquina

No es un adiós, sino un hasta pronto. O mejor dicho, hasta que cambies la URL de este blog, porque aprovechando el cambio de hosting, y la reordenación de dominios, me he mudado a mi “raíz”. Desde ahora, podrás encontrar mi nuevo blog en…
www.siemprejuntos.es
Nos vemos muy pronto…
Road to Vigo, a través de twitter
En tan solo 24 horas aquí, he comprendido que es una solemne tontería actualizar el blog con entradas que me van a costar mucho escribir, y que dada la intensidad de las vivencias de las que deseo hablar requieren de un análisis y una descripción de las percepciones que estamos viviendo mucho más exhaustivos.
Así que quiero remitiros, hasta que pueda ir escribiendo de todas estas vivencias, completándolas con galerías de fotos y montajes de video, a mi timeline en twitter, donde recojo parte de estos días, en tiempo real y con mayor agilidad.
http://www.twitter.com/siemprejuntos
¡Nos vemos muy pronto!
Publicado con WordPress para BlackBerry.
24 horas de retraso
Una de las “desventajas”, por decirlo así, de ser papi es que, por norma general, si a tu hijo puede sucederle algo, seguramente le ocurrirá en el momento más inoportuno para ti.
Como herencia familiar, espero que el pequeño Brais la calvicie prematura no la adquiera, porque se ve que lo de tener casi perversamente a las mínimas de cambio faringoamigdalitis (espero que se diga así) ya lo ha heredado.
En cualquier caso, hoy ya se encuentra mejor, y es bastante probable que esta noche podamos por fin arrancar motores.
¿Nos acompañáis?
#roadtovigo
Hai un paraiso

Sin darme cuenta, he vuelto a hacerlo. Todo. Paso por paso. El antiguo ritual, la preparación del viaje. Los mapas. La música. La lista con todo lo que hay que llevarse. El pronóstico del tiempo. Limpiar el coche. Las mariposas en el estómago…. las mil y una cosas que sucederán antes de arrancar el motor. Queda apenas una semana y todo, absolutamente todo, ha retornado. Sígueme si quieres, porque esta vez nada será igual… #roadtovigo
Siempre tiene que haber algún gilipollas
En efecto, y no en contadas ocasiones. Aparecen, sueltan la bomba y humillan a los demás, con su falso ímpetu, con su estudiada tensión con su resabiado espíritu de joder.
Tal vez sea muy susceptible. Pero es que a veces no puedo evitarlo. Sobre todo cuando me doy cuenta de que siempre tiene que haber algún gilipollas. En todo.
La falta de inspiración

Todavía recuerdo las palabras que una persona me dirigió poco antes de incorporarme como diseñador en el periódico. Me dijo algo así como que no me envidiaba en absoluto, porque tenía entre mis manos una tarea durísima: el que nunca me faltara la inspiración.
Me dijo que no sería fácil cuando un argumento externo influyera en la ecuación de mi creatividad. Que podía ser muy bueno con el ratón y el teclado, pero bastaba un minúsculo motivo, insignificante e insidioso, vertido sobre cualquier aspecto de tu vida; o un mal viento en cualquier vertiente de tu estabilidad emocional, para echar sobre mi inspiración dos metros y medio de tierra.
Algunos de esos momentos, que ya he sufrido y que supongo que seguiré sufriendo, constatan dos cosas. La primera, la brillantez de la idea. Cuando llega, no importa si estás o no inspirado, o si estás más o menos receptivo: llega sin previo aviso, y a veces demasiado tarde.
La segunda es que no existe la dosis de perseverancia suficiente para poder suplir esa ausencia de inspiración o imaginación. No es fruto del trabajo constante, de las horas que inviertas o, si se me apura, de los conocimientos que tengas.
Está claro que hay múltiples factores que facilitan tener dicha imaginación, como la experiencia o la observación, pero al final, el último y definitivo es que la carta que decide la mano es precisamente la que está en el mazo, no la que tenemos entre las que se nos han dado.
In hoc signo vinces
Qué curioso. Resulta que las cosas que hace unos días me angustiaban ya no lo hacen. Recuerdo cómo sentía cómo la maldad se ceñía sobre mi… y ahora es como si todo hubiera desaparecido.
Sigue ahí, pero es como si de repente, la vida quisiera ser benevolente conmigo. Ignoro por qué motivo. Tal vez porque es necesario que vuelva a concentrarme en todo aquello en lo que nunca tuve que desviarme.
Tal vez sea, como siempre, el maldito calor. Sea como fuere… In hoc signo vinces.
¿Tú también, Bruto?

Hace bastante tiempo que me ronda en la cabeza el profundo significado de la palabra traición.
En el fondo, la traición no es sino una bella polifonía de sentimientos que se oprimen en el pecho de los mortales; heridos de impotencia y frustración provocada habitualmente por el comportamiento hostil y humillante de otros semejantes, y que en rarísimas ocasiones es posible llevar a cabo.
Dejando a un lado las imaginativas y sangrientas reyertas con las que el humillado se regocija en la oscuridad de sus pesadillas; cuando la sombra de la traición planea sobre él, uno debe preguntarse dos cosas. La primera es si aquellos quienes piensan que es un traidor, o que les puede traicionar no actúan, o van a actuar guiados por ese sentimiento, sin ofrecerle siquiera el beneficio de la duda. La segunda es si, merecedores de ello y sólo por hacer justicia, cabe ejercerla y hacerles disfrutar así de una amarga recompensa por su villanía y espíritu malhechor.
Tales son mis pensamientos. Cuando la hostilidad se cierne sobre uno, a través de las más distintas vías, cabe únicamente pensar en que no se valora correctamente el hecho de que no hay que temer a quien tiene algo que perder, sino a quien no tiene nada que perder. Intentar forzar una situación llevando a cabo conductas poco honorables, fijando como objetivo de una actitud colectiva tan sólo sobre un individuo puede terminar, tarde o temprano, siendo recompensado.
Las personas deben saber que la felicidad está en los minúsculos detalles que día a día pasan ante nuestros ojos desmereciéndolos, y que los vasos que se colman rebosan sólo con una insignificante gota. Así que yo me pregunto si la traición, en realidad, es más grande que una minúscula cadena de oxígeno e hidrógeno.
Y también me pregunto si reflexionar sobre ello le hace a uno más traidor que quienes le apuntan con sus afiladas miras.
















