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Sí, niños y niñas. Es el PIN de mi nueva Blackberry Bold. Plenamente operativa (a través de WiFi claro, no está el horno para bollos). Ya podéis agregarme a vuestro BBM si lo utilizáis.
El caso es que la ocasión la pintaron parda, y yo me cogí a ella como un clavo ardiendo… cómo negarse a tener este caramelito entre las manos. Dejé bien entrenados a mis antiguos contactos en la operadora azul, y a través de uno de ellos he recibido este regalo. Me adoraban. Lo sé. Me encanta ser pretencioso. Para qué nos vamos a engañar.
Bueno, rompo con este breve post mis larguísimas vacaciones… Ahora mi vida será más online que nunca… feliz putoverano a todos… nos volveremos a ver cuando arrecie el temporal
Rendir al máximo
En ocasiones me paso. De exigente. Pues sí, puede ser. Tal vez. Es posible. Vamos, es seguro que sí. Estoy convencidísimo de ello.
Pero es lo que tiene ser perfeccionista. Cuando te ves en la tesitura de tener que delegar, o peor aún, tener que relegar tus funciones en manos de otros, y ves que no dan la talla, lo único que puedes hacer es tirarte de los pelos.
En mi caso no tiene sentido: estoy casi calvo. Pero si tuviera pelos, me los estiraría. Menos mal que un monje nunca cuelga los hábitos del todo.
Permanencia en el cambio
Los cambios dan miedo. Mucho miedo. Es natural. Nos acomodamos. Nos “hacemos” a las cosas, perpetuando el statu quo.
Pero, como en todos los cambios, algo permanece.Y esa permanencia es lo que nos fortalece.
Hoy sé dos cosas: tengo dos motivos por lo que morir, y miles de motivos por los que vivir. No tengo miedo a los cambios.
Cuándo abandonar
Siempre he pensado que hay que saber cuándo abandonar. Cuándo darse por vencido. Cuándo doblar las rodillas y dejar que la lluvia se lleve calle abajo todos tus sueños.
Pero soy un chico muy caluroso. Y por eso, cuanto más llueve, y más feo está el tiempo, con más rayos, truenos, nubes oscuras, frío y tinieblas… mejor me lo paso. Porque, señores, me encanta la lluvia.
Porque los rayos y los truenos, las tormentas, sólo indican que algo va a cambiar, que va a refrescar, que va a desaparecer todo el calor que nos agobia y nos asfixia. Y si nos mojamos, no pasa nada. Es bueno. Es natural. Es higiénico.
Limpia. Saca a relucir lo mejor de cada uno. Te permite brillar de nuevo cuando vuelve a salir el sol… y si en lugar de esconderte, buscar un paraguas o mirar cómo golpea el cristal, sales a mojarte, es bastante probable que muchos piensen que estás como un cencerro… No te acerques a ellos: no merecen tu confianza.
Acércate a quienes, como tú, cuando ven los primeros indicios de tormenta, sonríen. Ésos sí te convienen. Créeme. Porque cuando llueva, probablemente, serán las mejores personas a quienes querrás y te convendrá arrimarte. Esta semana estoy descubriendo que me rodean muchas de estas personas. Y estoy descubriendo que, “a pesar de todo”, soy muy feliz.
Las cosas a las que uno aspira
Juan Candela me ha descubierto un video tremendo. Probablemente todos los que disfrutásteis de cómo Jimmy Jump se convertía en la excusa perfecta para justificar la chapuza recurrente anual eurovisiva de España intervenía espontáneamente en la actuación de Daniel Diges en Eurovisión, lo vísteis en directo… pero no fue mi caso, dadas mis obligaciones paternas.
Se trata de la actuación de Bielorusia, en cuarto lugar. Y de como un pequeño y acrobático cámara la emprende a la carrera con su steadycam en un Segway y crea uno de los planos en directo más espectaculares que jamás podréis imaginar.
Os recomiendo que pinchéis en alta resolución para verlo bien. Y que tengáis a mano un pañuelito de papel. Para limpiar las babas. El operador de cámara no sólo va en el segway a toda velocidad, sino que salta de él, y comienza a bailar por el escenario haciéndole un 360º al cantante, tirando mano incluso del zooom.
Yo mientras tanto, suspiro y me voy apañando con mi trípode, mi cámara que graba en disco duro, y mi iluminación “improvisada” para crear mis pequeñas entrevistas que podéis ver en lasprovinciastv.es. Quién sabe, algún día yo también me convertiré en un pequeño Karsten Jacobsen. Ensayo y error, como alguien que no voy a nombrar, muy acertadamente puso “sobre el tapete” este pasado viernes. Tomar ejemplos para crecer.
La palabra del día: “ocioso”
Te lo puedo decir en muchos idiomas. Pero es la palabra del día. Del día del orgullo friki. Hoy ha sido el día del orgullo friki más raro de toda mi vida. No he parado. Me he duchado dos veces. He perdido nosecuantos quilos en sudor. He llegado a todo con la lengua por fuera. He necesitado dos valerianas a mitad de la jornada para calmar mis nervios. Y aún parece que hoy he estado ocioso. Tócate los webs. Idle. Ocioso. Perdido. Perdido, sí, perdido… me he perdido las primeras carcajadas sostenidas de mi hijo, un ratito después de haberme ido a trabajar. Menos mal que Doña Esposa las ha grabado en vídeo, y quedarán inmortalizadas para la posteridad.
Al próximo que me diga que si estoy ocioso, o que el ocio está presente, en algún aspecto de mi vida “de nueve a seis”, por leve que sea la insinuación, le parto el hueso de la risa. En tres partes. Y se las coso usando como aguja un cuchillo de John Locke. Y desde luego, reirse no se va a reir. Palabrita.
Una canción para todos, en esta, mi noche perdida: Downtown, de Petula Clark.
Queda apenas media hora para que disfrute del final de Lost. Que el humo negro se lleve todo lo malo de hoy. Namasté.
No me extraña
En ocasiones no te queda más remedio que navegar entre dos aguas. Quisieras no hacerlo, pero es lo que hay.
Una es la tranquila, la que conoces, la que controlas. La otra es la turbulenta, la que te excita, la que te atrae. Y aunque navegas en la una, no haces más que desear estar en la otra. Y cuando estás en la otra, el miedo te hace desear no haber salido de la una.
No me extraña que el mar robe tantas vidas. Los marineros más rudos son los que se dejan llevar en las aguas tranquilas, y agarran decididamente el timón en las tempestades.
Está decidido: yo soy más de tempestad. No me extraña en absoluto: nunca me ha gustado el camino fácil.














