¡Gracias por tu visita! Este blog no se actualiza desde hace algún tiempo. Si quieres leer mis artículos más recientes, visita la nueva dirección: www.siemprejuntos.es.

Siempre tiene que haber algún gilipollas

En efecto,  y no en contadas ocasiones. Aparecen, sueltan la bomba y humillan a los demás, con su falso ímpetu, con su estudiada tensión con su resabiado espíritu de joder.

Tal vez sea muy susceptible. Pero es que a veces no puedo evitarlo. Sobre todo cuando me doy cuenta de que siempre tiene que haber algún gilipollas. En todo.

Admiración

Jamie Oliver será todo lo que queráis. Pero todo. No tendrá estudios. Será un “guarro” en la cocina. Le pone guindilla a todo. Es un maldito hijo de la Gran Bretaña. Ponedle todos ls adjetivos que queráis, pero yo le admiro.

Muletillas e interjecciones

Todos tenemos nuestras muletillas. Es normal.

Desde pequeños, en el colegio se nos enseña que no anteponer “yo” antes de una acción que protagonizamos dentro de un discurso, es una muestra de madurez en el uso del lenguaje. También se nos enseña que dicha madurez se demuestra evitando el uso de muletillas, o palabras que se repiten sin sentido, para reafirmar una comunicación imprecisa. Y aún así, seguimos usándolo. Los “gritos de macho” “Auh, auh, auh…” “Vale”. “Bueno”. “Ché”. “Joder”. “O sea”. “Tío”. “A ver ho…”. Cuando una frase, o palabra, se convierte en la muletilla de uno bueno… puede ser más o menos gracioso. Las muletillas tienen épocas,se pasan… te olvidas, dejas de usarlas de manera inconsciente.

Cuando la catástrofe lingüística  se pega al resto de tus congéneres, existe el peligro de  llegar a ser cansino y repetitivo.

No puedes hacer nada, porque evidentemente, el uso de muletillas o interjecciones demuestra la falta de riqueza léxica de quien las usa, y eso te reconforta, en tu “pedante sentido de entender la vida”. Generalmente, entre quienes la usan se trata de un acto de simpatía, de gracia, de “conexión social” con la persona que la ha “acuñado”, si es que se puede emplear ese término al uso de una frase destinada a “darle una patada en los cojones al diccionario”.

La evitas, pero es imposible no acabar hasta el gorro de oírlas. Es tragicómico: piensas que quien la usa es un descerebrado, y te apena que lo sea.

Gritarías como el Rey: “¿Por qué no te callas?”. Pero a veces es políticamente incorrecto. Por eso, en ocasiones, te pones los cascos.

Cállate, que aún estás a tiempo

A lo largo del día, me pongo los cascos. Pero los tengo en silencio. Creo que ya he hablado alguna vez de esto. ¿Fue en este blog, o en mi otro blog? Ahora no lo recuerdo.

El caso es que en ocasiones, cuando se quedan en silencio sin yo quererlo, me veo forzado a escuchar cada cosa que haría revolverse a más de uno en su tumba… incluso aunque no estuviera muerto. Salgo a la calle y no puedo evitar escuchar hablar a la gente. A veces, hasta llegar al Canal de Historia, hago zapping inocentemente y me cruzo con mentecatos vomitando gilipolleces en forma de tertulianos o invitados de programas de telebasura.

Me gustaría saber por qué estúpida razón la gente no es capaz de mantener la boca callada si no sabe de lo que está hablando.

Venga, en serio. ¿Alguien sabe por qué? Cuando España jugaba la Copa del Mundo de fúrgol, teníamos como unos 40 millones de seleccionadores nacionales. Ahora resulta que somos el país con más ingenieros nucleares del mundo. Todos tenemos unos conocimientos del copón de tecnología… y ya ni hablemos de teléfonos móviles y de videoconsolas.

Videoconsolas. Oh cielos. Algún día hablaré de los cojoncimientos que algunos blanden a la hora de esgrimir sus estúpidas razones para demostrar con la boca llena que son capaces de defender su ignorancia hasta hacer sangrar los ojos y oídos de quienes presencien su diarrea verbal… y aún más, hacerles sentir vergüenza ajena, a mitad de camino entre asco, pena y lástima (esta última en ínfima medida).

Pero centrándonos en el tema, basta con echar un vistazo a determinadas páginas web o blogs, que parecen, o dicen tener cierta autoridad; o incluso aquellas que quedan revestidas de dicha autoridad por su anacrónica revereberancia manchada de tinta. Sus portadas son un auténtico atentado a los ojos, con titulares amarillos, pretenciosos o infestados de temáticas oportunistas y / o inoportunas, que pretenden captar la atención de los usuarios con titulares salvajes, para ofrecerles contenidos de dudosa ética, de pestilente lacra política o, en el peor de los casos, de informaciones manipuladas o falsas.

Doy gracias a Dios por dotarme de la inteligencia necesaria para identificarlas y esquivarlas. A su vez, doy gracias a mis profesores por enseñarme a desarrollar las dotes necesarias para saber que no es necesario hablar ni una sola palabra para que alguien te diga, con toda la razón del mundo, que calles tu mensaje. De una maldita vez.

Pax fallera

Toda la semana llevo anticipándome a la despertá de los falleros, a esa gente a la que tanto odio les tengo de manera casi devota, y a la que si nada lo remedia tendré que verme sometido y sodomizado desde el año que viene, si finalmente Doña Esposa decide que mi peque va a serlo.

Y es que madrugar está muy bien visto, al menos por ellos. No sólo secuestran semanas antes bajo su errática voluntad calles y plazas, sino que además también deciden cuándo niños, mayores y enfermos deben despertarse y alterar sus espacios de sueño, y cuándo “toca la banda” hasta las tantas los temas de siempre, soniquetes martilleantes que hacen sangrar los oídos de los vecinos.

La paz sólo llega cuando una alma caritativa le da la mecha a la fallereta y entre lágrimas y sollozos de cocodrilo, enciende la mecha que impasible ejecuta con precisión quirúrgica la incineración de los monumentos de poliespán. La paz al final sólo llega con el fuego.

Tantos zippos en mi casa, y tan pocas fallas que quemar…

De papeles y audiencias

Hoy he invertido como unos veinte minutos de mi tiempo en formarme como profesional. Y necesito compartir con todo el mundo (qué idiotez) los dos vídeos en los que he repartido ese tiempo.

El primero fue esta mañana. Como siempre “enredando”, llegué hasta una web llamada Information Architects. En él, una entrevista sobre el futuro de los diarios tradicionales en los nuevos medios. Cuando arda el papel, tampoco serán las “apps” las que se lleven el gato al agua. No, no, no, no… será la web. Pura y dura. Lo importante, como siempre, es el usuario, y eso hay que tenerlo muy en cuenta, como lo tuvieron ellos al crear la web adaptada para tablets de Zeit Online.

Via | http://www.informationarchitects.jp/en/news-on-ipad-the-obvious-way/

Y cuando ya hayamos quemado el papel y descubramos que ni la tinta ni las cenizas manchan más nuestras manos, podemos preguntarnos quién ha visto un audímetro. Ya sabéis… esos aparatitos que supuestamente miden las audiencias de los programas, y nos dicen “qué es lo más visto en la tele, y qué no”… Con la voz del Jefe Wiggum de Los Simpsons (Juan Perucho en la vida real), un usuario nos enseña cómo funciona el aparatito ese del que todos hablan alguna vez, pero que nadie antes probablemente habría visto. Lo he encontrado en La Silla del Alcalde, el blog de Bruno Ramos y Celia Dubal.

Via |  http://www.brunoramos.es/wplocal/2010/11/tv-or-not-tv/

Tirar la toalla

Fue Winston Churchill, el mítico Primer Ministro británico, con su bombín, su pajarita, su puro y su gesto de victoria (del que ahora hablaré), el que dignificó a toda una generación con su “Never, never, never give up”. Fue el 29 de octubre de 1941 cuando invitado a dar una charla en el Harrow School, pronunció las míticas palabras:

Never, ever, ever, ever, ever, ever, ever, give up. Never give up. Never give up. Never give up.

Arengar a la juventud con esas palabras fortaleciendo su espíritu fue uno de los gestos más emblemáticos del político británico… que ha traspasado el Canal de la Mancha para instaurarse como lema de motivación en todo el mundo.

El gesto de la victoria también es algo británico. Durante la guerra de los 100 años, que no fue de 100 sino de 116 años (entre 1337 y 1453), de los cuales 54 fueron de tregua; que enfrentó a Francia e Inglaterra, las huestes francesas sucumbían bajo las certeras y mortíferas flechas lanzadas por los arqueros, grandísimos hijos de la Gran Bretaña.

El francés, con su delicadeza  de sobras conocida por la historia de España, cada vez que en una batalla conseguía hacer prisioneros entre las inglesas, amputaba los dedos índice y corazón de sus arqueros antes de dejarles libres, para evitar que volvieran a empuñar un arco nunca más.

Como símbolo de burla, cuando el inglés doblegaba al francés, sus tropas  paseaban mostrando sus dedos índice y corazón, indicándoles que por mucho que les quitaran los dedos a sus arqueros, otros vendrían a ocupar su lugar y derrotarlos. Desde entonces, ese gesto ha pasado a formar parte de nuestro lenguaje no verbal como señal de triunfo.

Bien, hoy tras una dura batalla, me han sido “amputados” los dedos índice y corazón (en sentido figurado). He sido vencido por un enemigo con el que no contaba, y me va a tocar volver a empezar de nuevo a fraguar otra estrategia… pero no me cabe la menor duda de que pronto, algún día, pasearé de nuevo ante el código traidor y le mostraré mis dedos índice y corazón alzándose en señal de victoria.

Ahora, a descansar. Por hoy, ya está bien.

Sagrado Corazón de Darth Vader

Un motivo más para creer en el Lado Oscuro

Me he vuelto muy malpensado

Mi madre a veces lo dice, que se ha vuelto mala con los años. Y es que la candidez de la juventud, cuando va clareando tu frente, comienza a transformarse lentamente en una visión oscura y abyecta de la realidad. Que no te fías de nadie, vaya.

Desconfío de los que no van de frente. Desconfío de quienes van a pecho descubierto. Desconfío de los que quieren ser mis colegas. Desconfío de los que no quieren ser mis colegas. Desconfío de quienes pretenden saber más que yo. Desconfío de los que dicen saber menos que yo. Desconfío de quienes me aplauden. Desconfío plenamente de quienes no me aplaudirán nunca. Desconfío de quien se cuelga mis medallas. Desconfío de quienes no se las cuelgan. Maldita sea, hay días que creo que he perdido la fe en la especie humana.

Debe ser patológico. No os acerquéis a mi. Desconfiad.

Cosas inexplicables

En ocasiones, es bastante imposible determinar cuando se ha prendido la mecha con la chispa adecuada que va a hacer detonar el barril lleno de dinamita. A veces, una situación se vuelve insostenible en cuestión de segundos. Bastan con dos palabras o tres a lo sumo de tu interlocutor para que una plácida noche de fin de semana se torne en el más infernal lunes por la mañana..

Entonces crucificas y te crucifican. En realidad a mi es algo que no me importa lo más mínimo. Yo lo hago (“Confiteor…”), porque sé que me lo van a hacer. Al menos no albergo en mi la hipocresía de decir que no.

Existen, como digo, situaciones inexplicables, que desde la calma más chicha, pasan a la tempestad más salvaje. Pero ¿cómo detenerlas cuando no la has iniciado tú, y encima has dado tu brazo a torcer para que la tormenta amaine? En muchas ocasiones, por grande que sea el empeño, o humilde la intención, no es posible. En esos casos, lo mejor es simplemente laissez passer… ¿o no?

Sea como fuere, la sensación que te queda en el interior es muy extraña. Estás en paz contigo mismo porque no  has hecho nada malo, pero al mismo tiempo desearías que portar armas de destrucción masiva y utilizarlas fuera absolutamente legal como en Yankilandia.

Conozco a mucha gente que escribe blogs frívolos y supérfluos. Gente que escribe libros sesudos y filosóficos. Probablemente todos ellos hayan pasado por una situación como la que describo. Y todos reaccionarían de forma similar a la que describo. Pero es más que probable que ninguno acertara en su resolución. Todos somos humanos, al fin y al cabo.

Tampoco tú. Ni yo. Nadie.

Más... 1 · 2 · 3 · Siguiente »
Highslide for Wordpress Plugin