La Junta Central Fallera, chocolate con churros y olé.
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Sin que sirva de precedente, voy a romper una lanza por las fallas y por los artistas falleros y las comisiones en particular. Todos tenemos en mente los follones que se han montado por las caricaturas de Mahoma y la ¿malintencionada? chirigota de los politronchos locales de Cádiz. Pues bien, la JCF ha “sugerido” -fue noticia ayer en todos los telediarios- que se tenga tacto con los ninots de las fallas, procurando retirar aquellos que hagan referencia a la cultura islámica y la religión musulmana. Vamos a ver, con todos mis respetos hacia estos colectivos. ¿Qué son las fallas? En esencia, las fallas son grotescas caricaturas de aquello que durante el año nos ha sucedido. Son jocosas miradas que nos permiten reflexionar en tono humorístico sobre el mundo que nos rodea. La caricatura, llena de acidez, se refleja en las esculturas de los artistas. ¿Y qué sucede con las fallas? Que en un acto de catársis, son quemadas el día 19 de marzo, dando la bienvenida a la primavera, y exorcizando aquello negativo que simbolizan.
Está muy bien que respetemos todas las culturas, así es como debe ser. Pero señores, en nuestra cultura, en nuestra fiesta, esto es así, y es lo que hay. Hay quien quema banderas, hay quien asalta embajadas, y hay quien hace figuras de cartón piedra que no hacen mal a nadie. En otras culturas, la libertad de expresión todavía no está lo suficientemente madura. En la nuestra sí. Y se trata de, con esa madurez, desarrollar nuestro derecho a expresar libremente nuestras ideas. Y mientras que sea en tono claramente humorístico, siempre dentro de los límites legales, me parece una barbaridad que nadie haga esa “sugerencia” a los artistas falleros. Porque de algún modo, el respeto del que se trata, se pierde en el momento en que se coarta la libertad de expresión. He dicho.
Cambiando de asunto… una de cal y otra de arena. Esta mañana hablaba con unos compañeros de trabajo acerca del chocolate con churros. Llegué a la conclusión de que a ellos les gusta pagar del orden de 4 a 6 euros por seis churros y un chupito de plástico relleno con chocolate RAM. Así que, al hilo de esto, posteo mis primeras fotos de Fallas.
Aquí tenéis tres fotos que hablan por sí solas. En ellas, se puede apreciar cómo en ciertos puntos de la ciudad (que todos tendréis al menos tres o cuatro en vuestra zona), casetas y puestos que venden churros, porras, buñuelos y chocolate a los precios antes mencionados, ocupan plazas de aparcamiento de forma ¿indiscriminada?
El caso es que, me pregunto yo. ¿Tan difícil sería buscar sitios donde la instalación de dichos puestos no perturbara el escaso espacio para aparcar que existe en Valencia? Veamos, pues, las fotos, y juzguemos, atendiendo a las fechas, de los días de perjuicio que a los conductores nos supone… y ni los motoristas se libran de esto.
Buen rollito.
Las Fallas, hechos y realidades
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Bien, muchachos. Desde mañana váis a poder picotear fotográficamente con “la crème de la crème” de lo que se cuece en el centro. Voy a llevarme la cámara de fotos, y voy a fotografiar algunas de las molestias que ya podemos sufrir de las fallas. Ni que decir tiene que a mí me gustan las Fallas, como dije en articulos anteriores, pero me parece exagerado sufrirlas en silencio, como las almorranas.
Para empezar, mañana os ofreceré unas delicatessen que afectan al ya de por sí escabroso tema del aparcamiento. Y cogeré al azar, por ejemplo, dos calles. Sorní y Cirilo Amorós. Estas calles forman un “cuadrante mágico”, que es normal ver recorrer a muchos coches a diario buscando sitio para aparcar. Bien, pues ya tenemos un puesto de churros ocupando tres plazas del ora, varios montones de vallas ocupando otras tantas plazas del ora, y varios postes de iluminación que ocupan otras tantas plazas de zona azul, que facilitan todavía más nuestra existencia.
La ruta turística que seguiré es la siguiente: Entrada por Xàtiva al salir del túnel bajo la Plaza de España, giro a la derecha hacia Cirilo Amorós, atravesándola recta hasta la Plaza de América, giro a la izquierda hacia Sorní y vuelta a la izquierda en Jorge Juan para terminar en el Mercado de Colón y de nuevo en Cirilo Amorós. Quienes trabajéis en el centro, sabréis que aparcar en dichas calles es harto difícil… pues desde hoy, mis amiguitos del progressive, todavía más… estad atentos a vuestras pantallas. ;D
Haré las fotos casi con nocturnidad y alevosía, para que veáis al amanecer, el gustirrinín que da currar en el centro.
Ser anti-fallero no es tan malo (símil culinario)
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Las Fallas es lo que tiene, que o te gustan, o las odias. Como muchas otras cosas en este mundo. Lo interesante es que haya gente como yo, con una importante mirada crítica, que no esté dispuesto a tragarse que las Fallas son divertidas, que las Fallas son chachis, que las Fallas son guays, y todo ese tipo de mindundeces que a fin de cuentas sólo engrandecen a las Fallas y al mundo fallero que las rodea.
¿Por qué tengo que vivir en Valencia, y tienen que gustarme las Fallas? Vamos a ver, es que no lo entiendo. A mí me gustan determinadas cosas de las Fallas, no todo. Así que, ¿qué tiene de malo que no me gusten? Vamos a ver, que no me gusten las Fallas en su conjunto, pero si determinados acontecimientos que rodean las Fallas es algo completamente factible.
Por ejemplo, imaginemos que no hablamos de las Fallas, sino de comida. Fallas, Fallas, Fallas y más Fallas, estoy harto de hablar de Fallas, pero llegadas estas fechas… Bueno volviendo al tema. Imagina que a tí te guste por separado el huevo, el chorizo, el jamón y la ternera, por ejemplo. Si vas a un restaurante y te ponen un plato que tenga huevo, chorizo, jamón y ternera, no tiene por qué gustarte el plato. Porque es posible que todo eso por separado te guste, pero junto no. ¿Y por eso eres menos “de tu pueblo”, donde justamente ese plato es el típico? Pero si tú comes todo eso, pero de otra manera. ¿Qué no serán raros ellos, que son capaces de tragarse semejante revuelto y sin rechistar?
Pues a mí con las Fallas me pasa lo mismo. Me gustan las mascletàs, los castillos, las fallas en sí, el ambiente… pero no me gustan las Fallas en general ni mucho menos el 99% de los falleros en particular. Porque ellos condimentan su plato, las Fallas, con un montón de ingredientes que yo personalmente no pondría jamás en mi plato.
Y luego no me salgas con eso de que “Ah, pero es que el plato es así”. Porque en las Fallas, como en la cocina, nadie tiene la razón absoluta. Y si yo le quitara a las Fallas todas las cosas que me molestan (a saber, y sin propósito de enumerar: los barullos, los tumultos, los atascos, los cortes de calles, los casales elitistas, la “justicia fallera”..), posiblemente para mí las Fallas serían otra época del año más, simplemente.
En fin, esta tarde he recibido un correo electrónico de una redactora de un diario gratuito de reciente estreno y tirada nacional, preguntándome por alguna asociación antifallera. Imagino que para dar otro punto de vista de las Fallas, la fiesta más querida por (casi) todos los valencianos. Y me ha halagado, que alguien haya leído mi blog anti-Fallas y haya comprendido que, como en todas las monedas, hay dos caras. Si sale algo publicado, ya os avisaré.
No querías sopa, pues toma tres tazas…
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Y es que se mascaba la tragedia. El viernes a las 7 de la mañana, cuando cogía el coche para ir al trabajo, una pintada demoníaca me sorprendió frente al portal: “Soy la F. M. de 2006, y vosotros lo veréis”. Para cagarse. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. No podía ser verdad. ¡Dios, dios, dios, vive aquí! ¡NOOOOOOOOOOOOOOO!
Y es que, amigüitos del progressive, la F.M. de marras no es ninguna emisora de radio… es la Follonera Mayor. Digo la Fallera Mayor. ¿Qué más da? Pero lo peor estaba por venir. Porque por la tarde, salí con Doña Esposa a dar un voltio… y cuatro mindundis estaban colocando sospechosamente banderitas en la calle. ¡No me jodas! Parado frente a la puerta del coche, con la llave en la mano, me giré cual Grissom, y en un ejercicio propio de cualquier payasete del CSI, me di cuenta de que no podía ser normal que las banderitas descendieran en picado desde el cuarto piso de mi finca. Joder, tío. La has jodido tío. Robert DeNiro no lo hubiera dicho mejor.
Efectiviwonder. A eso de las nueve de la noche, no me dejaron terminar de ver Crossing Jordan. Allí lleragon los politronchos, y cortaron la rúa. Aparecieron cientos de folloneros, y un cámara de TV (de la Junta Central Follonera, supongo). Y cuando la banda comenzó a tocar, me dí cuenta de que la venganza estaba consumada. En la puerta diez reside la que entiendo que es la follonera mayor de mi pueblo. No comments.
Algún día, me vengaré.
Y encima, por si eso fuera poco, hoy me he ido a ver la Exposición del Ninot. En fin. Resignación. Seguiré pataleando desde aquí. Fotos, en mi flickr.
Las Fallas de Valencia
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Este post se lo dedico cariñosamente a Lidia y Edu, que acabarán odiándome. Me lo merezco. Pero no me disgusta
Si buscas “fallas” en Google, aparecerán cientos de webs, más o menos cutres, más o menos oficiales. Pero la mía no estará. No obstante, querido lector, busca “anti fallas”… Eeeeeeeeepa. Mira quién aparece el primero. ¿Significa eso que soy el anti-fallero mayor del reino? Carallo, que honor. Pues hombre, eso está bien. En realidad, como he oído hoy en la tele “comer spaghettis no engordan: engorda el que los come”. Así que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, voy a tratar de hacer un post en el que al menos aparezcan un montón de enlaces a mi página con el titulo del enlace “anti fallas”, todos ellos apuntando a la palabra fallas. A ver si haciendo esto durante varios días en distintos posts dedicados a tan maquiavélica manifestación cultural, consigo colocarme en la primera página del google. Lo perpetraré tal que así. Con nocturnidad y alevosía. Dejando patente mi peculiar visión de las Fallas. Es como auto-hacerse un googlebombing pero al estilo de Juan Palomo. Y si no funciona, al menos me divierto.
Y es que, queridos lectores, las Fallas son una fiesta en la que, además de las Fallas propiamente dichas, esos monumentos que los guiris fotografian como si les fuera la vida en ello, pagando incluso para entrar y ver por dentro las Fallas y que los falleros, es decir, los curiosos moradores de las Fallas, a cuyos cubiles draconianos llaman casales , amortizan durante todo el año a base de venta de loterías y cenas de sobaquillo, aprovechan para adueñarse vilmente de las calles de toda una Comunidad en connivencia con las policías locales de turno.
Durante los días en que duran las Fallas, es imposible aparcar en la calle: los miembros de las Fallas toman las calles con sus casales y montan espectáculos para que los niños y mayores que pertenecen a las comisiones de las Fallas disfruten mientras los niños de los vecinos que no pertenecen a las Fallas porque sus padres no pueden gastarse la cantidad de pasta que supone el ser miembro de una comisión de Fallas y mucho menos comprarse los disfraces folclóricos que lucen en los distintos actos de las Fallas, se quedan mirando desde fuera de las vallas que acotan el territorio comanche de las Fallas. Las Fallas al fin y al cabo, no son más que una fiesta popular, convertida en elitista para que la máxima representante de las Fallas, es decir la Fallera Mayor, y el alcalde de turno de Valencia, la ciudad donde se celebran las Fallas por excelencia (amén de otros muchos pueblos que también tienen Fallas, se luzcan. Son una excusa, las Fallas, nunca pierdas de vista de qué estamos hablando, para durante una semana entera, la semana de Fallas, que va desde el 15 de marzo en que se plantan las Fallas, hasta el 19 de marzo en que se queman las Fallas, realizar todo tipo de excesos y tropelías diurnas y nocturas para con los pobres trabajadores que no pueden disfrutar de las Fallas, bien porque se levantan muy temprano, o bien porque consideran que las Fallas son para que las disfruten los falleros, y ellos prefieren pasar el mal trago de las Fallas currando, y luego coger cualquier otra semana del año que no sea de la susodicha de las Fallas de vacaciones.
Y es que durante las Fallas, en Valencia y alrededores la delincuencia aumenta, puesto que se trata de un flujo pendular. El buen tiempo que suele reinar en la semana de Fallas hace que vagos y maleantes de todas partes de España vengan a estas apacibles y soleadas tierras para disfrutar de las Fallas a su manera: apropiándose de lo ajeno.
Normal, en época de Fallas, la policía se encuentra desbordada de actos oficiales y vigilancia del orden público, en palabras mayores. Pensad por ejemplo lo que podría suponer un atentado en plenas Fallas. Es preferible velar por la seguridad de los ciudadanos en conjunto que de los ciudadanos en particular, que pretenden disfrutar de las Fallas con esos parásitos mocosos que tienen por hijos creando atascos alrededor de las vallas que rodean las Fallas porque quieren ir a ver las mascletàs de la plaza del Ayuntamiento, que sólo suceden en Fallas, claro está. Es evidente que entre Fallas y Fallas hay que hacer algún descanso para tomar un chocolate con buñuelos de calabaza, o una liviana ración de paella, tan típica de las Fallas, en alguno de los cientos de bares que durante las Fallas abren en horario ininterrumpido (y bien que hacen, que las Fallas son las Fallas y sólo pasan una vez al año). Pero a la hora de la mascletà, no hay Fallas que valgan: todos como borregos a la plaza del Ayuntamiento. Que vamos a ver, a mí me gustan las Fallas, y las mascletàs de las Fallas, y los castillos de fuegos artificiales que durante unos días hacen en el viejo cauce del río por culpa de las Fallas.
Lo que a mí me disgusta en realidad de las Fallas es que los falleros aprovechan las Fallas para tomarse la justicia por su mano, montar verbenas de Fallas hasta las tantas de la madrugada, cerrar calles impidiendo incluso que los propietarios de sus garajes saquen sus coches, cortando arterias principales de circulación para que en los distintos actos de Fallas, los falleros luzcan sus trajes de Fallas de 1000 euros para que otros miembros de Fallas y algunos locutores de televisión que viven todo el año de cerca el mundo de las Fallas les aplaudan. Sólo hay un acto que particularmente me parece precioso en Fallas. Se trata de un homenaje a la Virgen de los Desamparados, la Geperudeta. En ese acto, cientos de comisiones de Fallas, Fallas y más Fallas de todas partes sufren en silencio, como las hemorroides, las seis o siete horas de tortuosa caminata con sus trajes típicos para entregar su ramo a la Patrona de la Ciudad, y hacer un magnífico manto de flores que es conocido internacionalmente, por realizarse sólo aquí, sólo en Fallas y sólo poder participar en dicho acto, cómo no, quienes han pagado sus impuestos a las comisiones de las Fallas, es decir, los falleros.
En fin, este año pienso yo también vivir las Fallas, con mi cámara en mano. Para mostraros aquí todas las tropelías que vea en la calle, porque las Fallas, a fin de cuentas, son eso, Fallas. Y el día 19 por la noche, las Fallas se convierten en ceniza, y el caos de las Fallas vuelve a ser normalidad. Y la normalidad, aunque no lo parezca, para quien tiene que currar, se agradece.
¡¡Arriba las Fallas!! ¡¡ Ole !!
Pronto empiezan…
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Y es que hoy hemos sabido varias cosas. La primera es que la exaltación de las Folloneras Mayores será hoy (y estrenarán sus trajes de 6.000 euros en adelante), y el próximo día 4 de febrero, en el cauce del Turia, se disparará la primera mascletà para celebrar la inauguración de la exposición del Ninot.
Además se ha dado ya a conocer el calendario oficial de las mascletàs y los tiradores. Este año,haciendo una excepción, recomendaré a priori la Nit del Fòc y la Mascletà de Sant Josep (días 18 por la noche y 19 a mediodía), porque el encargado de dispararlas es Ricardo Caballer. Pero es sólo una excepción. También se puede ver por la tele, tan ricamente, en tu kelly.
Así que, pronto empiezan a dar por culo. Ya queda menos para vivir de nuevo dramáticas escenas, en que los folloneros tomarán las calles, tomarán en contubernio con la corrupta -en espíritu- policía la justicia por su mano, nos despertarán a las ocho de la mañana con sus putos cohetes, quemando nuestros coches correctamente aparcados, cortarán la circulación en la gran mayoría de ciudades y pueblos de la provincia, montando sus chiringuitos sectáreos privados en la calle de todos, se ataviarán con manteles y mandilones de cocina, pantalones ajustados y zapatillas de llauraor, y desfilarán cual tropa de clones al son de marchas folloneras quasimilitares con peinetas y mantillas folclóricas arrepentidas, molestando nuestro descanso hasta altas horas de la madrugada con karaokes de música de corte satánico-ibérica variada sólo para el disfrute y melopea de sus adeptos… y así hasta el día 20 de marzo.
Y los demás nos tendremos que joder. Pero no nos callarán. Aquí existe un rincón de indomables valencianos que, gustándole las fallas, odian los falleros. El rincón Anti-fallas abre su veda por este año.












