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Me voy… pero sólo a la vuelta de la esquina

No es un adiós, sino un hasta pronto. O mejor dicho, hasta que cambies la URL de este blog, porque aprovechando el cambio de hosting, y la reordenación de dominios, me he mudado a mi “raíz”. Desde ahora, podrás encontrar mi nuevo blog en…

www.siemprejuntos.es

Nos vemos muy pronto…

¿Tú también, Bruto?

Hace bastante tiempo que me ronda en la cabeza el profundo significado de la palabra traición.

En el fondo, la traición no es sino una bella polifonía de sentimientos que se oprimen en el pecho de los mortales; heridos de impotencia y frustración provocada habitualmente por el comportamiento hostil y humillante de otros semejantes, y que en rarísimas ocasiones es posible llevar a cabo.

Dejando a un lado las imaginativas y sangrientas reyertas con las que el humillado se regocija en la oscuridad de sus pesadillas; cuando la sombra de la traición planea sobre él, uno debe preguntarse dos cosas. La primera es si aquellos quienes piensan que es un traidor, o que les puede traicionar no actúan, o van a actuar guiados por ese sentimiento, sin ofrecerle siquiera el beneficio de la duda. La segunda es si, merecedores de ello y sólo por hacer justicia, cabe ejercerla y hacerles disfrutar así de una amarga recompensa por su villanía y espíritu malhechor.

Tales son mis pensamientos. Cuando la hostilidad se cierne sobre uno, a través de las más distintas vías, cabe únicamente pensar en que no se valora correctamente el hecho de que no hay que temer a quien tiene algo que perder, sino a quien no tiene nada que perder. Intentar forzar una situación llevando a cabo conductas poco honorables, fijando como objetivo de una actitud colectiva tan sólo sobre un individuo puede terminar, tarde o temprano, siendo recompensado.

Las personas deben saber que la felicidad está en los minúsculos detalles que día a día pasan ante nuestros ojos desmereciéndolos, y que los vasos que se colman rebosan sólo con una insignificante gota. Así que yo me pregunto si la traición, en realidad, es más grande que una minúscula cadena de oxígeno e hidrógeno.

Y también me pregunto si reflexionar sobre ello le hace a uno más traidor que quienes le apuntan con sus afiladas miras.

Reinterpretarse

Todavía recuerdo las largas tardes de invierno cuando Doña Esposa y yo jugábamos con gran avidez, con la saga de Prince of Persia para PS2. Mi manera de jugar le sacaba de quicio.

Ella buscaba exhaustiva y minuciosamente en cada rincón, rompía cada ánfora, cada caja, cada diván, cada pared que parecía falsa… buscando una mejora de vida, un arma nueva o cualquier otro premio.

Yo, en cambio, tiraba para adelante. Liquidaba a tantos guardias como podía y no esquivaba la batalla. No realizaba matanzas silenciosas, no me importaba ir de frente y que me partieran en trescientos pedazos.

Tal vez por eso, cuando aparecía el Dahaka, me cedía siempre el mando.

El cuento, con el tiempo, no ha cambiado mucho. Ahora, los signos externos me obligan a reinterpretarme. A explorar con minuciosidad, como hacía ella, cada recoveco, con cada posibilidad, con cada expectativa.

Pero en el fondo, siempre sigo deseando escuchar la voz del Príncipe Oscuro diciéndome aquello de… ¿Ves? Ahora nos va a matar para cerrar los ojos y cargar. Así venga ella y nos mate.

La primavera de 2011

Demasiado tarde. Han intentado silenciar y ningunear a mucha gente. No sólo a una generación (no me refiero a los ni-ni), sino a muchas. Mucha gente harta de las mentiras de los políticos, de los robos de los bancos, de las injustas leyes que les impiden tener una mínima esperanza en el futuro, el status de una sociedad que no les permite ofrecerles un mañana mejor a sus hijos, a sus nietos. Cosas obviamente muy etéreas. Pero que nos han abierto los ojos a todos.

Ha sido una “revolución” de todo menos silenciosa. Se ha intentado minimizar desde los medios de comunicación, menospreciando y falseando informaciones. Se ha intentado sofocar desde el Gobierno, que no quiere que el hartazgo de la gente interfiera en sus resultados electorales (no olvidemos que el día 22 de marzo hay elecciones autonómicas y municipales). Pero no ha sido posible. Ni la policía con sus desalojos, ni las decisiones de Gobernación Civil ni de la Junta Electoral pueden parar un movimiento, con claras intenciones políticas, pero sin ideología. Ciudadanos ejerciendo sus derechos, ocupando las calles.

La “primavera árabe” se ha extendido hasta España, y una “revolución” pacífica y totalmente digital ha hecho aflorar lo mejor de mucha gente, a quienes no les queda otra cosa que protestar. Con las mismas cartas que se nos deja jugar, cartas que se nos ha impuesto en esta partida democrática. Con los medios sociales como altavoces, más potentes que nunca, llegando más lejos que nunca. Con los ojos del mundo con su vista puesta sobre España, porque es vergonzoso que hasta que los grandes medios americanos no se han hecho eco, aquí nadie hablaba abiertamente del tema.

Con la gente, solidaria, apoyando las protestas, organizándose, debatiendo alternativas, buscando soluciones. Haciendo, en definitiva, el trabajo que a quienes elegimos para que lo hicieran no han sabido hacer.

Muchos se han apuntado al carro, deprisa y corriendo. Sobre todo los políticos, porque la desvergüenza de los medios queda suplida por twitter, el gran protagonista de este movimiento. Pero, como digo, ya es tarde. Los españoles una vez más hemos demostrado de qué pasta estamos hechos.

¿Qué ha pasado? Bueno, pues es muy sencillo. Está meridianamente claro: estamos haciendo historia. Estamos a las puertas de un futuro que queremos construir entre todos. En igualdad. Con igualdad para todos. Estamos dando una lección al mundo.

En los próximos días, semanas, meses tal vez, sabremos si esta primavera de 2011 será una más… o será la Primavera de 2011.

Cállate, que aún estás a tiempo

A lo largo del día, me pongo los cascos. Pero los tengo en silencio. Creo que ya he hablado alguna vez de esto. ¿Fue en este blog, o en mi otro blog? Ahora no lo recuerdo.

El caso es que en ocasiones, cuando se quedan en silencio sin yo quererlo, me veo forzado a escuchar cada cosa que haría revolverse a más de uno en su tumba… incluso aunque no estuviera muerto. Salgo a la calle y no puedo evitar escuchar hablar a la gente. A veces, hasta llegar al Canal de Historia, hago zapping inocentemente y me cruzo con mentecatos vomitando gilipolleces en forma de tertulianos o invitados de programas de telebasura.

Me gustaría saber por qué estúpida razón la gente no es capaz de mantener la boca callada si no sabe de lo que está hablando.

Venga, en serio. ¿Alguien sabe por qué? Cuando España jugaba la Copa del Mundo de fúrgol, teníamos como unos 40 millones de seleccionadores nacionales. Ahora resulta que somos el país con más ingenieros nucleares del mundo. Todos tenemos unos conocimientos del copón de tecnología… y ya ni hablemos de teléfonos móviles y de videoconsolas.

Videoconsolas. Oh cielos. Algún día hablaré de los cojoncimientos que algunos blanden a la hora de esgrimir sus estúpidas razones para demostrar con la boca llena que son capaces de defender su ignorancia hasta hacer sangrar los ojos y oídos de quienes presencien su diarrea verbal… y aún más, hacerles sentir vergüenza ajena, a mitad de camino entre asco, pena y lástima (esta última en ínfima medida).

Pero centrándonos en el tema, basta con echar un vistazo a determinadas páginas web o blogs, que parecen, o dicen tener cierta autoridad; o incluso aquellas que quedan revestidas de dicha autoridad por su anacrónica revereberancia manchada de tinta. Sus portadas son un auténtico atentado a los ojos, con titulares amarillos, pretenciosos o infestados de temáticas oportunistas y / o inoportunas, que pretenden captar la atención de los usuarios con titulares salvajes, para ofrecerles contenidos de dudosa ética, de pestilente lacra política o, en el peor de los casos, de informaciones manipuladas o falsas.

Doy gracias a Dios por dotarme de la inteligencia necesaria para identificarlas y esquivarlas. A su vez, doy gracias a mis profesores por enseñarme a desarrollar las dotes necesarias para saber que no es necesario hablar ni una sola palabra para que alguien te diga, con toda la razón del mundo, que calles tu mensaje. De una maldita vez.

¿Y tú de qué me conoces?

Hoy me ha vuelto a pasar. ¿Y cómo le dices que no? Alguien te sigue en twitter, y de repente quiere ser tu amigo en Facebook. ¿No os ha pasado?

Seguro que sí. Entonces inocentemente, respondes a su solicitud de amistad con un simple “perdona, ¿nos conocemos?” Porque resulta que de repente ves una cara y un perfil de un corte y unas características que se parcen más bien poco o nada a lo que tu considerarías “tu amigo”… y aquél te contesta “sí, del twitter”. ¿Y qué haces? Ya has cometido el grave error de establecer contacto humano… Pero, ¿es tu amigo de verdad? ¿Siquiera tu conocido?

En Twitter y Facebook sucede algo muy curioso. La interacción entre las personas es completamente distinta. En Twitter, te pueden mencionar, y lo harán, quieras o no. Y se puede formar conversación alrededor de ti, quieras o no. Es por eso por lo que utilizo Twitter de una manera “más profesional”.  En Facebook, en cambio, tú decides si quieres que haya o no conversaciones, y si quieres eliminar a alguien parcialmente de tu timeline… y de los de los demás. Twitter no permite medias tintas.

Y si tú quieres , puedes hacer que alguien se entere de lo que pones en FB y no en Twitter, pero como en este caso, puede suceder que te aborde con una solicitud de amistad que incluso te hace preguntarle pór su identidad.

El problema al fin y al cabo, es una cuestión de moralidad. O de ausencia de ella. Perdón, ¿dije moralidad? No, quise decir excrecencias plúmbeas.

Mi próxima noche de los cuchillos largos se abstraerá de todas esas cuestiones, y aliviará la carga de mi timeline…

Contacto con tacto

Sí, he hecho el símil por el desafortunado programa de Bertín Osborne. Ya os podeís dar por satisfechos. Soy así de simple.

Humanamente simple. Masculinamente simple. A veces, el hecho de ser transparente, apasionado e impulsivo, de vivir y sentir sin medias tintas, me ha traído más de un problema -y no descarto que en el futuro siga siendo fuente de atracción de los mismos. Pero a veces sucede que encuentras a personas con las que conectas directamente. Y vale la pena dar la cara y arriesgarse un poquito para conocerlas. Feeling le llaman los cursis anglófilos, creo. … Continuar leyendo »

Las primeras decisiones

Es curioso como, ahora, tras un año, comienzo a ser más consciente de que las primeras decisiones que afectan o afectarán al futuro de mi hijo, las estoy comenzando (las estamos comenzando) a tomar ahora.

Decidir a qué Guardería irá el curso que viene, algo tan aparentemente trivial, será la antesala de su futuro educativo, puesto que le abrirá o cerrará las puertas del centro en el que quiero que estudie. Y no por capricho, sino por la educación que recibirá y que sentará las bases de sus conocimientos.

Lo que hacemos en vida, tiene su reflejo en la eternidad… que dijera Máximo…

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Desde que cerré los comentarios

No se necesitan chácharas ni diálogos para besugos. No soy WikiLeaks… pero no está nada mal.

La gasolinera

Esta mañana me ha pasado una cosa muy muy extraña. No me sucedía hace años. Muchos, la verdad. Tantos como anos hace que no reposto en la BP.

Hoy he repostado allí. Dejé de repostar cuando comprobé que la calidad del gasóleo y él precio del combustible eran inversamente proporcionales: malo malísimo y caro carísimo.

El caso es que a Doña Esposa le habían dado una tarjeta de descuento, y decidí que si bien al coche nuevo no le pondría jamás ese veneno para el motor, al viejo Ejecutor lo que no le mate lo haría más fuerte.

Craso error. El descuento ha sido penosisimo: 1 euro de descuento por 40 de gasoíl, cuando me hubiera ahorrado 4 si hubiera repostado “donde siempre” (en cualquier gasolinera Repsol).

Pero lo que he llevado peor de todo ha sido ver cómo un tío me tocaba el depósito y decidía en qué disparo cortaba el flujo y sacaba el boquerel. Me he acostumbrado a hacer eso yo mismo, y desde luego me ha parecido algo que mi coche, si pudiera hablar, hubiera considerado ofensivo.

Me gusta hacer las cosas a mi mismo. Agradezco el servicio, pero… Gracias pero no, el autoservicio reafirma mis hormonas masculinas. Auh! Auh! Auh!

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