La falta de inspiración

Todavía recuerdo las palabras que una persona me dirigió poco antes de incorporarme como diseñador en el periódico. Me dijo algo así como que no me envidiaba en absoluto, porque tenía entre mis manos una tarea durísima: el que nunca me faltara la inspiración.
Me dijo que no sería fácil cuando un argumento externo influyera en la ecuación de mi creatividad. Que podía ser muy bueno con el ratón y el teclado, pero bastaba un minúsculo motivo, insignificante e insidioso, vertido sobre cualquier aspecto de tu vida; o un mal viento en cualquier vertiente de tu estabilidad emocional, para echar sobre mi inspiración dos metros y medio de tierra.
Algunos de esos momentos, que ya he sufrido y que supongo que seguiré sufriendo, constatan dos cosas. La primera, la brillantez de la idea. Cuando llega, no importa si estás o no inspirado, o si estás más o menos receptivo: llega sin previo aviso, y a veces demasiado tarde.
La segunda es que no existe la dosis de perseverancia suficiente para poder suplir esa ausencia de inspiración o imaginación. No es fruto del trabajo constante, de las horas que inviertas o, si se me apura, de los conocimientos que tengas.
Está claro que hay múltiples factores que facilitan tener dicha imaginación, como la experiencia o la observación, pero al final, el último y definitivo es que la carta que decide la mano es precisamente la que está en el mazo, no la que tenemos entre las que se nos han dado.
Muletillas e interjecciones

Todos tenemos nuestras muletillas. Es normal.
Desde pequeños, en el colegio se nos enseña que no anteponer “yo” antes de una acción que protagonizamos dentro de un discurso, es una muestra de madurez en el uso del lenguaje. También se nos enseña que dicha madurez se demuestra evitando el uso de muletillas, o palabras que se repiten sin sentido, para reafirmar una comunicación imprecisa. Y aún así, seguimos usándolo. Los “gritos de macho” “Auh, auh, auh…” “Vale”. “Bueno”. “Ché”. “Joder”. “O sea”. “Tío”. “A ver ho…”. Cuando una frase, o palabra, se convierte en la muletilla de uno bueno… puede ser más o menos gracioso. Las muletillas tienen épocas,se pasan… te olvidas, dejas de usarlas de manera inconsciente.
Cuando la catástrofe lingüística se pega al resto de tus congéneres, existe el peligro de llegar a ser cansino y repetitivo.
No puedes hacer nada, porque evidentemente, el uso de muletillas o interjecciones demuestra la falta de riqueza léxica de quien las usa, y eso te reconforta, en tu “pedante sentido de entender la vida”. Generalmente, entre quienes la usan se trata de un acto de simpatía, de gracia, de “conexión social” con la persona que la ha “acuñado”, si es que se puede emplear ese término al uso de una frase destinada a “darle una patada en los cojones al diccionario”.
La evitas, pero es imposible no acabar hasta el gorro de oírlas. Es tragicómico: piensas que quien la usa es un descerebrado, y te apena que lo sea.
Gritarías como el Rey: “¿Por qué no te callas?”. Pero a veces es políticamente incorrecto. Por eso, en ocasiones, te pones los cascos.
BBM para iPhone

Durante algún tiempo llevo indagando sobre las aplicaciones de mensajería cross-platform, esto es, que corren en varias plataformas, interconectando dispositivos con distintos sistemas operativos (Android, iOs, BlackBerry Os…), y he llegado a las siguientes conclusiones:
- Todos quieren imitar al BlackBerry Messenger en términos de privacidad, rapidez, conectividad.
- Ninguno es capaz de imitar al BlackBerry Messenger. No, What’sApp tampoco.
- BlackBerry Messenger no está (ni estará) disponible para otras plataformas.
La tecnología de BBM se basa precisamente en que está construido sobre la base tecnológica de BlackBerry, compartiendo sus niveles de seguridad y fiabilidad. Así que es impensable completamente que cualquier otra solución de mensajería, venga de donde venga, cumpla con esos mismos requisitos. Y es delirio febril pensar en usar el PIN.
Así que gracias por llegar hasta esta entrada. Como dicen los rasca-rasca no premiados:
“Sigue jugando…” o pásate a BlackBerry.
De papeles y audiencias
Hoy he invertido como unos veinte minutos de mi tiempo en formarme como profesional. Y necesito compartir con todo el mundo (qué idiotez) los dos vídeos en los que he repartido ese tiempo.
El primero fue esta mañana. Como siempre “enredando”, llegué hasta una web llamada Information Architects. En él, una entrevista sobre el futuro de los diarios tradicionales en los nuevos medios. Cuando arda el papel, tampoco serán las “apps” las que se lleven el gato al agua. No, no, no, no… será la web. Pura y dura. Lo importante, como siempre, es el usuario, y eso hay que tenerlo muy en cuenta, como lo tuvieron ellos al crear la web adaptada para tablets de Zeit Online.
Via | http://www.informationarchitects.jp/en/news-on-ipad-the-obvious-way/
Y cuando ya hayamos quemado el papel y descubramos que ni la tinta ni las cenizas manchan más nuestras manos, podemos preguntarnos quién ha visto un audímetro. Ya sabéis… esos aparatitos que supuestamente miden las audiencias de los programas, y nos dicen “qué es lo más visto en la tele, y qué no”… Con la voz del Jefe Wiggum de Los Simpsons (Juan Perucho en la vida real), un usuario nos enseña cómo funciona el aparatito ese del que todos hablan alguna vez, pero que nadie antes probablemente habría visto. Lo he encontrado en La Silla del Alcalde, el blog de Bruno Ramos y Celia Dubal.
Via | http://www.brunoramos.es/wplocal/2010/11/tv-or-not-tv/
Vale, que sí…
Que tienes razón. Que siempre es lo mismo. Y cada vez que se convoca una, Doña Esposa pone semblante grave y me invita a bajar con razonamientos tan irrefutables como: “hombre que si vas a bajar…”
Y bajas. Y de nuevo te sientes como si estuvieras en un gallinero. Las personas se transforman, demonizan y blasfeman sobre sus vecinos, dicen estupideces a la carrera, a ver quién la suelta más gorda, o hacen corrillos e impiden al presidente / administrador / gallito del corral poner orden.
Además, siempre se repiten los mismos roles: el sumiso pasivo, la malfollá, el listillo, el mala hostia, el ONG, el pacificador, el beligerante y, por supuesto, el abuelo cebolleta (figura mítica en las reuniones de escalera).
Todo esto si es que no hay fúrgol, cuando el 95% de los arriba mentados no están ni se les espera.
Y para qué? Pues para acordar que del dolce far niente se vive de puta madre, aplazar los temas “para la próxima reunión”, y discutir a grito pelao del oro de Moscú (en ordenados grupos de a tres, claro).
Siempre digo lo mismo: a mi no me cogen más… Y siempre pasa igual: las sufro en silencio, como las Fallas y alguna que otra situación que no puedo contar…
Publicado con WordPress para BlackBerry.
Policía escondiéndose de Google
No, me he vuelto loco. Intentando geolocalizar una cosa, he topado con la siguiente curiosa escena de Street View:
El policía local de Paterna, a cara descubierta, divisa al coche de Street View. El coche se aproxima, el policía encuentra una cortina en la puerta junto a la que está apostado, y se mete dentro. Cuando el coche sale, el policía desaparece. Lo curioso es que cree que Google no le está captando… y sí que le está captando. Por suerte, los algoritmos de reconocimiento facial distorsionan su cara, lo que le esconde un poquito mejor que la cortina… Es completamente natural y comprensible que un agente del orden no desea aparecer en Street View… ¡a mi tampoco me haría gracia! Pero la situación no deja de ser anecdóticamente curiosa. No tanto como ver a una tía en pelotas tomando el sol, o a un tío cagando en plena calle… pero curioso al fin y al cabo.
Secuencia de los hechos en imágenes. Para verlo por vosotros mismos, sólo tenéis que ir aquí.
Google is evil. Hasta las fuerzas de seguridad se esconden de él…
Idiotismo profesional
Social media. Malditas palabras que alguien -presuntamente, americano- pronunció una vez para desasosiego de quienes somos profesionales de Internet desde hace más de 10 años.
Un buen día le dieron una cuenta de Facebook y Twitter a un comercial, y comenzó a echar espumarajos por la boca diciendo “soy community manager, soy community manager…” y ahí comenzó el idiotismo profesional: pidiendo todo mascado y haciéndose los gallitos y valientes delante de los auténticos profesionales, ignorando la vergüenza ajena y la mezcla de asco y pena que nos dan.
Y así fue como, de paso, se le llenaron las fosas nasales de hedor pestilente a los directores generalísimos de las empresas que, a sus 50 tacos, les dieron un iPhone y un portátil de 1500 euros y acabaron creyendo que lo sabían todo sobre internet y la madre que parió a la Sociedad de la Información… Y muchos compañeros decidieron hacerse el harakiri antes que seguir tragando mierda. Perdón por mi vehemencia, pero la verdad siempre duele.
En este país, todos sabemos de fútbol y de internet… Pero a mi me gustaría que, del mismo modo en que yo no me meto a tocarle los mismísimos a los profesionales del “furgol”, los demás no nos tocarán las pelotas a los profesionales de Internet, nos respetaran y nos dejaran hacer nuestro trabajo como Dios, o en este caso Google, manda.
Afortunadamente, yo juego en otra liga. Una en la que hay hombres extraordinarios, jefes extraordinarios, y expertos la extra de ordinarios.
Miau.
Publicado con WordPress para BlackBerry.



Yo, en mi egocéntrica majestad, he creado círculos concéntricos alrededor de mi vida, como los anillos de los árboles, guiado y orientado por todos los palos que he recibido en mis seis lustros de vida. Transparente a más no poder. Simple. Sencilla. Directa. Como debe ser.











