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Un poco de humildad: los colores del Social Media

Estoy harto, o más bien cansado, de ver cómo la gente se vende en el terreno del Social Media, como si fueran el no va más. Gente que gestiona seminarios, que crea grandes eventos patrocinados por las grandes marcas, a las que previamente les ha cobrado la vida por tener una sonrisa bonita o una apariencia sexy, gente que se vende en sus blogs personales como si fueran lo más ultra-super-cool del mundo… y es que les falta humildad.

No, no se trata de creerme superior a nadie. Ni mucho menos. De hecho, creo que ninguno debería creerse superior a los demás. Ellos están en el foco porque llevan las grandes cuentas. Ni más ni menos. Porque tienen un “don de gentes”, buenos contactos u otras cualidades “sociales 1.0″ que otros grandísimos profesionales del Social Media tal vez no tienen. Pero ¿qué sucedería si no fueran ellos? Seguramente, se encontrarían mirando a los otros con resquemor. Pero ¿resquemor por qué? La humildad es una de las principales virtudes del profesional del Social Media: saber que el cliente es el protagonista, y que sus éxitos son los frutos del trabajo que hay detrás.

No lo olvidemos: ser un profesional del Social Media no es equivalente a ser un animador de campamento juvenil. No es necesario tratar con una comunidad de cientos de usuarios, ser un orador grandioso, crear presentaciones espectaculares, poner cara alegre y sonreír todo el puñetero día. Existen multitud de facetas a las que se les puede aplicar eso de que “no es oro todo lo que reluce”, llevadas por profesionales serios, “grises o negros”, metódicos, prudentes, diligentes, efectivos, certeros, experimentados… que se dedican a hacer su trabajo y no figurar en ningún sitio. Profesionales con mayúsculas, que no necesitan el reconocimiento de nadie más que de sus clientes. Y en privado, a poder ser. Profesionales que, con todo el respeto del mundo, no necesitan de los elogios de otros para desarrollar sus habilidades ni ver crecer su ego ni su cuenta corriente.

Vivimos en un mundo en el que “lo público” manda. Este planeta no es tan azul como nos hacen creer. En los medios sociales hay otros dos colores, primordialmente el amarillo y el rosa. Y en mi humilde opinión, hay muchas otras tonalidades, aunque el grueso del público no les sepa prestar atención, cegados por páginas web en flash, diseños hipermegachachis y brillo de labios.

Brindo con mi lata de refresco nada cool por aquellos que somos profesionales que somos grises, tirando a negro. Porque el negro, no lo olvidemos, es la concentración del resto de colores. Y el negro también es el color del Social Media.

La falta de inspiración

Todavía recuerdo las palabras que una persona me dirigió poco antes de incorporarme como diseñador en el periódico. Me dijo algo así como que no me envidiaba en absoluto, porque tenía entre mis manos una tarea durísima: el que nunca me faltara la inspiración.

Me dijo que no sería fácil cuando un argumento externo influyera en la ecuación de mi creatividad. Que podía ser muy bueno con el ratón y el teclado, pero bastaba un minúsculo motivo, insignificante e insidioso, vertido sobre cualquier aspecto de tu vida; o un mal viento en cualquier vertiente de tu estabilidad emocional, para echar sobre mi inspiración dos metros y medio de tierra.

Algunos de esos momentos, que ya he sufrido y que supongo que seguiré sufriendo, constatan dos cosas. La primera, la brillantez de la idea. Cuando llega, no importa si estás o no inspirado, o si estás más o menos receptivo: llega sin previo aviso, y a veces demasiado tarde.

La segunda es que no existe la dosis de perseverancia suficiente para poder suplir esa ausencia de inspiración o imaginación. No es fruto del trabajo constante, de las horas que inviertas o, si se me apura, de los conocimientos que tengas.

Está claro que hay múltiples factores que facilitan tener dicha imaginación, como la experiencia o la observación, pero al final, el último y definitivo es que la carta que decide la mano es precisamente la que está en el mazo, no la que tenemos entre las que se nos han dado.

El botón de pánico

Seguro que no os habéis fijado, pero en la parte inferior de mi blog hay un botón rojo. Lo he dejado ahí para que, cuando os entre el pánico, podáis contactar conmigo.

Obviamente no, no me he vuelto de repente un “animal social”, parafraseando el título del blog de una amiga. Conservo intacta, eso sí, mi política personal respecto a mis perfiles sociales. Pero sí puedes pedirme consejo si sientes que tu vida en los medios sociales no está siendo especialmente productiva.

Muchas empresas tienen miedo de pulsar ese botón. Y si lo pulsan, y no tienes un título universitario (¿hay algún título universitario que te faculte como Social Media Expert?), y no les cobras la maldita vida por hacer lo que tienes que hacer, ni se detienen a hablar contigo.

Es triste, pero es así. En muchas ocasiones, no hay que hacer un master en dirección de empresas, ni conocer los significados de todos los términos “marketinianos” para tener dichos conocimientos. Es más, créeme, si ellos los tuvieran, no acudirían a los consultores profesionales. Ellos son los que no los tienen. Pero luego en el fondo, siempre hay algo que decir, porque de fúrgol, del gobierno y de internete, sabemos todos.

De hecho ahí reside el quid de la cuestión, en la experiencia. Cuando tienes la experiencia que te da más de una década trabajando y moviéndote en el ecosistema digital (hablaría de jungla pero no sé si procede), y encima resulta que como te has quedado medio calvo tienes dos dedos de frente, posees un gran número de papeletas para saber qué te estás haciendo.

Como el ajedrecista profesional respira blancas y negras, como el músico respira claves y notas, como el economista respira números y cifras… el profesional de internet respira medios y tecnología.

Esto, señores, se llama second nature. Y como todo, existe un botón de pánico para convocarla.

Muletillas e interjecciones

Todos tenemos nuestras muletillas. Es normal.

Desde pequeños, en el colegio se nos enseña que no anteponer “yo” antes de una acción que protagonizamos dentro de un discurso, es una muestra de madurez en el uso del lenguaje. También se nos enseña que dicha madurez se demuestra evitando el uso de muletillas, o palabras que se repiten sin sentido, para reafirmar una comunicación imprecisa. Y aún así, seguimos usándolo. Los “gritos de macho” “Auh, auh, auh…” “Vale”. “Bueno”. “Ché”. “Joder”. “O sea”. “Tío”. “A ver ho…”. Cuando una frase, o palabra, se convierte en la muletilla de uno bueno… puede ser más o menos gracioso. Las muletillas tienen épocas,se pasan… te olvidas, dejas de usarlas de manera inconsciente.

Cuando la catástrofe lingüística  se pega al resto de tus congéneres, existe el peligro de  llegar a ser cansino y repetitivo.

No puedes hacer nada, porque evidentemente, el uso de muletillas o interjecciones demuestra la falta de riqueza léxica de quien las usa, y eso te reconforta, en tu “pedante sentido de entender la vida”. Generalmente, entre quienes la usan se trata de un acto de simpatía, de gracia, de “conexión social” con la persona que la ha “acuñado”, si es que se puede emplear ese término al uso de una frase destinada a “darle una patada en los cojones al diccionario”.

La evitas, pero es imposible no acabar hasta el gorro de oírlas. Es tragicómico: piensas que quien la usa es un descerebrado, y te apena que lo sea.

Gritarías como el Rey: “¿Por qué no te callas?”. Pero a veces es políticamente incorrecto. Por eso, en ocasiones, te pones los cascos.

BBM para iPhone

Durante algún tiempo llevo indagando sobre las aplicaciones de mensajería cross-platform, esto es, que corren en varias plataformas, interconectando dispositivos con distintos sistemas operativos (Android, iOs, BlackBerry Os…), y he llegado a las siguientes conclusiones:

  • Todos quieren imitar al BlackBerry Messenger en términos de privacidad, rapidez, conectividad.
  • Ninguno es capaz de imitar al BlackBerry Messenger. No, What’sApp tampoco.
  • BlackBerry Messenger no está (ni estará) disponible para otras plataformas.

La tecnología de BBM se basa precisamente en que está construido sobre la base tecnológica de BlackBerry, compartiendo sus niveles de seguridad y fiabilidad. Así que es impensable completamente que cualquier otra solución de mensajería, venga de donde venga, cumpla con esos mismos requisitos. Y es delirio febril pensar en usar el PIN.

Así que gracias por llegar hasta esta entrada. Como dicen los rasca-rasca no premiados:
Sigue jugando…” o pásate a BlackBerry.

De papeles y audiencias

Hoy he invertido como unos veinte minutos de mi tiempo en formarme como profesional. Y necesito compartir con todo el mundo (qué idiotez) los dos vídeos en los que he repartido ese tiempo.

El primero fue esta mañana. Como siempre “enredando”, llegué hasta una web llamada Information Architects. En él, una entrevista sobre el futuro de los diarios tradicionales en los nuevos medios. Cuando arda el papel, tampoco serán las “apps” las que se lleven el gato al agua. No, no, no, no… será la web. Pura y dura. Lo importante, como siempre, es el usuario, y eso hay que tenerlo muy en cuenta, como lo tuvieron ellos al crear la web adaptada para tablets de Zeit Online.

Via | http://www.informationarchitects.jp/en/news-on-ipad-the-obvious-way/

Y cuando ya hayamos quemado el papel y descubramos que ni la tinta ni las cenizas manchan más nuestras manos, podemos preguntarnos quién ha visto un audímetro. Ya sabéis… esos aparatitos que supuestamente miden las audiencias de los programas, y nos dicen “qué es lo más visto en la tele, y qué no”… Con la voz del Jefe Wiggum de Los Simpsons (Juan Perucho en la vida real), un usuario nos enseña cómo funciona el aparatito ese del que todos hablan alguna vez, pero que nadie antes probablemente habría visto. Lo he encontrado en La Silla del Alcalde, el blog de Bruno Ramos y Celia Dubal.

Via |  http://www.brunoramos.es/wplocal/2010/11/tv-or-not-tv/

Vale, que sí…

Que tienes razón. Que siempre es lo mismo. Y cada vez que se convoca una, Doña Esposa pone semblante grave y me invita a bajar con razonamientos tan irrefutables como: “hombre que si vas a bajar…”

Y bajas. Y de nuevo te sientes como si estuvieras en un gallinero. Las personas se transforman, demonizan y blasfeman sobre sus vecinos, dicen estupideces a la carrera, a ver quién la suelta más gorda, o hacen corrillos e impiden al presidente / administrador / gallito del corral poner orden.

Además, siempre se repiten los mismos roles: el sumiso pasivo, la malfollá, el listillo, el mala hostia, el ONG, el pacificador, el beligerante y, por supuesto, el abuelo cebolleta (figura mítica en las reuniones de escalera).

Todo esto si es que no hay fúrgol, cuando el 95% de los arriba mentados no están ni se les espera.

Y para qué? Pues para acordar que del dolce far niente se vive de puta madre, aplazar los temas “para la próxima reunión”, y discutir a grito pelao del oro de Moscú (en ordenados grupos de a tres, claro).

Siempre digo lo mismo: a mi no me cogen más… Y siempre pasa igual: las sufro en silencio, como las Fallas y alguna que otra situación que no puedo contar…

Publicado con WordPress para BlackBerry.

Clasificación de relaciones personales

No se puede ignorar a la humanidad en su conjunto. No se puede ser independiente, ni individual, ni crear un círculo cerrado de confianza. Está mal visto por esta hipócrita sociedad en la que nos ha tocado vivir.  Perdón, pero discrepo. El “equipo” no siempre cuenta. No es imprescindible. No me sirve eso de que “cuantos más seamos”… que se lo cuenten a Julio César… cuantos más seamos, más puñaladas te caerán.

Yo, en mi egocéntrica majestad, he creado círculos concéntricos alrededor de mi vida, como los anillos de los árboles, guiado y orientado por todos los palos que he recibido en mis seis lustros de vida. Transparente a más no poder. Simple. Sencilla. Directa. Como debe ser.

Está el núcleo duro: mi familia. Los que no me han fallado nunca jamás. Y jamás lo harán. Porque son mi familia. La familia es familia siempre. Pase lo que pase.

Después están mis amigos. Apenas incluyo a un puñado de personas. No más de una docena. Gente de mi absoluta confianza, siendo ésta recíproca e incondicional.

Después vienen los socios. Imprescindibles para llevar a buen puerto determinadas acciones, negocios y proyectos. Se encuentran en proporción  dentro del círculo de mis amigos, lo cual facilita las cosas enormemente. La misma conexión de fidelidad, confianza y reciprocidad.

Luego están mis contactos. A un paso de entrar en el círculo de amigos, pero todavía no. Están en periodo de pruebas. La vida dirá si entran, o se quedan como “ante Portam Latinam”.

Tras ellos vienen mis conocidos sociales. Con los que intercambio información intrascendente. Desde el panadero de mi barrio, al que aprecio un montón, pasando por los vecinos, ex-amigos, etc…

Y finalmente está la gente etiquetada, clasificada, crucificada y enviada a la “papelera de reciclaje” La gente que te ha hecho daño en la vida, y te ha inducido a  generar esta clasificación. Lo triste es que algunos amigos, socios y conocidos sirven como personas-puente, que pueden traspasar (de forma voluntaria o involuntaria) sobre ti, porque mantienen relación con aquellos. Pero a estas alturas, todo debe darte igual: cada cierto tiempo, la papelera se llena, y la vacías sin más. La relación de confianza y fidelidad que tienes con tus círculos más próximos, hace implícita la existencia de mínima conexión con aquellos.

¿Sorprendidos?¿Decepcionados? Entonces es que estáis entre mis conocidos… o dentro de la papelera directamente. Al resto, besos y abrazos sin mariconadas.  A ti también, no te quepa duda ;)

Policía escondiéndose de Google

No, me he vuelto loco. Intentando geolocalizar una cosa, he topado con la siguiente curiosa escena de Street View:

El policía local de Paterna, a cara descubierta, divisa al coche de Street View. El coche se aproxima, el policía encuentra una cortina en la puerta junto a la que está apostado, y se mete dentro. Cuando el coche sale, el policía desaparece. Lo curioso es que cree que Google no le está captando… y sí que le está captando. Por suerte, los algoritmos de reconocimiento facial distorsionan su cara, lo que le esconde un poquito mejor que la cortina… Es completamente natural y comprensible que un agente del orden no desea aparecer en Street View… ¡a mi tampoco me haría gracia! Pero la situación no deja de ser anecdóticamente curiosa. No tanto como ver a una tía en pelotas tomando el sol, o a un tío cagando en plena calle… pero curioso al fin y al cabo.

Secuencia de los hechos en imágenes. Para verlo por vosotros mismos, sólo tenéis que ir aquí.

Google is evil. Hasta las fuerzas de seguridad se esconden de él…

Idiotismo profesional

Social media. Malditas palabras que alguien -presuntamente, americano- pronunció una vez para desasosiego de quienes somos profesionales de Internet desde hace más de 10 años.

Un buen día le dieron una cuenta de Facebook y Twitter a un comercial, y comenzó a echar espumarajos por la boca diciendo “soy community manager, soy community manager…” y ahí comenzó el idiotismo profesional: pidiendo todo mascado y haciéndose los gallitos y valientes delante de los auténticos profesionales, ignorando la vergüenza ajena y la mezcla de asco y pena que nos dan.

Y así fue como, de paso, se le llenaron las fosas nasales de hedor pestilente a los directores generalísimos de las empresas que, a sus 50 tacos, les dieron un iPhone y un portátil de 1500 euros y acabaron creyendo que lo sabían todo sobre internet y la madre que parió a la Sociedad de la Información… Y muchos compañeros decidieron hacerse el harakiri antes que seguir tragando mierda. Perdón por mi vehemencia, pero la verdad siempre duele.

En este país, todos sabemos de fútbol y de internet… Pero a mi me gustaría que, del mismo modo en que yo no me meto a tocarle los mismísimos a los profesionales del “furgol”, los demás no nos tocarán las pelotas a los profesionales de Internet, nos respetaran y nos dejaran hacer nuestro trabajo como Dios, o en este caso Google, manda.

Afortunadamente, yo juego en otra liga. Una en la que hay hombres extraordinarios, jefes extraordinarios, y expertos la extra de ordinarios.

Miau.

Publicado con WordPress para BlackBerry.

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