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Comer solo

La dama y el vagabundoHace mucho tiempo, cuando Telecinco era el paraíso de las mamachicho y de goles son amores, más o menos por los tiempos en los que descubrí la vergüenza ajena, existía una teleserie llamada “Médico de familia”.

Recuerdo que, aparte del concepto de vergüenza ajena que descubrí con aquella serie, una cosa que me cabreaba muchísimo era que siempre estaban comiendo: desayunando, almorzando, comiendo, merendando, cenando… y trabajando a ratos entre medias… Yo decía para mis adentros “a estos ya les vale, sólo saben comer“… Pero las cosas han cambiado mucho, y ahora entiendo el por qué de aquello.

Desde que estoy en mi nuevo trabajo, todos los días vuelvo a comer a casa, y sólo en dos ocasiones no he podido comer con Doña Esposa. Hoy ha sido uno de ellos. Y comer solo es una mierda. Porque para el currante de clase media-baja, los momentos en los que se reúne con la familia son precisamente esos: las horas de las comidas, las cenas, y los fines de semana..

Al menos yo he tenido hoy la compañía de mi querido Zeus, pero… algo faltaba en mi casa. Y es que el hombre no está hecho para vivir solo. Y al que diga lo contrario, que le salga un sarpullido en el culo. Los ascetas y demás gente misántropa son muy raritos.

Esos momentos en los que conversas, cuentas cómo te ha ido, qué cosas has hecho, qué expectativas tienes… momentos en torno a una mesa que no tienen precio… porque son los momentos en los que compartes eso tan preciado y que no solemos valorar hasta que no lo tenemos: la (dulce) compañía de tu familia.

Enfermillos, no me he vuelto ñoño ni nada de eso… es sólo que… en fin… madurar te hace valorar las cosas de otra manera.

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