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El frío que no llega

El invierno

Llevo varios días sintiendo un perturbador desasosiego interior. Y es que estamos ya en pleno octubre, y no hemos visto ni una gota de agua, ni una bajada consierable de las temperaturas. Cambio climático, sequía, bla, bla, bla… De eso ya habéis oído hablar, enfermillos. Pero esta mañana en el coche, mientras oía el parte meteorológico para las próximas jornadas, me he parado a reflexionar acerca de por qué me gusta tanto el frío, y he llegado a muchas conclusiones.

La primera y principal es que me gusta el frío porque lo soporto mejor que el calor. En verano sudo mucho -muchísimo- y parece que sólo debajo del chorro del aire acondicionado soy feliz. La gente se irrita, todo está caliente hasta niveles insospechados, nada te calma el calor…

Con el frío en cambio, todo es distinto. No se suda. Si se tiene frío, uno se abriga hasta que deja de tenerlo, y hay millones de sensaciones que considero más agradables y sensuales. Por ejemplo el ver las hojas caer, la lluvia limpiar las calles, el olor del café o el chocolate caliente, el coñac y el orujo, los tonos tostados, los edredones y las mantas, el dormir abrazado a tu pareja, el tiempo que se ralentiza, volver a sacar del armario tu chupa de cuero, volver a desempolvar esos viejos discos que no oías, disfrutar el sol de la mañana sin agobios, llenar la mesa del salón con fotos y recuerdos que te hacen esbozar una sonrisa de complicidad con tu memoria…

La luz del otoño, el sol del invierno… todo es diferente. Sé que muchos estaréis pensando que estoy un poco p’allá, e igual tenéis razón. Pero prefiero el frío. Otoño e invierno son mis estaciones preferidas. Son épocas de romanticismo y melancolía, de disfrutar con mayor intensidad de las relaciones personales. Son épocas donde apetece ir a almorzar con los amigos, pasar el rato tomando café, o estar con tu pareja hablando del futuro, del presente y del pasado; ver una película acurrucados bajo una manta, con una taza caliente… la procrastinación…

No sé, son tantas cosas. Es el jazz, la media voz, el calor del hogar, el confort de la compañía… yo que sé, quizá sean mil cosas que podría hilvanar sin sentido aparente, pero yo soy así. Mis recuerdos se basan en las sensaciones, y son las sensaciones las que me hacen recordar… Echo de menos el frío. Ojalá el hombre del tiempo vuelva a acertar pronto…
Esta mañana me he levantado tontorrón…

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