La importancia de un beso
Archivado en: Mis dos céntimosResulta paradójico. Cuando tienes lejos a la persona que quieres, eres capaz de recrearte en la sensación de besar sus labios hasta que llega el momento en que puedes hacerlo de nuevo. En cambio, cuando convives finalmente con ella, y por circunstancias coyunturales no puedes besarle, una extraña y altamente desagradable sensación de frustración te invade.
Por causas ajenas a mi voluntad, es decir, como efecto colateral del puñetero primer resfriado de la temporada, llevo ya varios días sin poder darle un beso a Doña Esposa. La causa, unas calenturas febriles tremendas que digievolucionaron en unas ampollas purulentas, de aspecto monstruoso, y tremendamente contagiosas.
Gracias al doctor Fleming, esta situación sólamente durará un par de días más… pero no puedo evitar recordar esos primeros momentos de mi relación, en los que la enorme distancia y las oportunidades para verle hacían que los besos fueran más que escasos… y tener que reprimir el contacto a escasos milímetros de su boca puede ser algo muy frustrante.
Menos mal que ella me puede dar besitos en la mejilla… pero es como la cerveza sin alcohol: no está mal, pero requiere empeño.
Opinión personal, vaya.
Escrita el Lunes, 15 de Septiembre de 2008, a las 10:46 h. y archivada en Mis dos céntimos. Puedes seguir las respuestas de esta entrada a través de la RSS 2.0. Puedes hacer trackback desde tu web.












