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La sinvergüencería

Los de mi quinta lo conocéis. Ciprià Císcar conduce un Alfa Romeo 156 ó 166 (el modelo creo que era ese ya que las líneas coinciden) granate y  con matrícula V-GK. No pongo los números completos por yo sí que tengo respeto por las personas, no como él. A las 3:15 de la madrugada de hoy circulaba por la calle Botánico Cabanilles. Yo llevaba a mi mujer a la Clínica Quirón, a urgencias. Circulaba por el carril de la izquierda, ya que tenía intención de aparcar, y este señor se ha cruzado dos carriles sin mirar ni señalizar cruzándose en ángulo de 90 grados en mi trayectoria y ha tomado la calle que va a la izquierda justo antes del cruce de Blasco Ibañez. He tenido que frenar, y gracias al ABS del coche me he quedado a un milímetro de tener un accidente.

He hecho algo que no debería hacer: cuando he arrancado el coche, pues obviamente he pisado el pedal de freno a tope y se ha calado; he seguido tras él. Se ha detenido en el semáforo de la calle, a unos 100 metros de donde ha cometido la fechoría, y le he echado luces y he comenzado a pitarle. El sinvergüenza individuo se ha apartado porque creía que estaba pidiéndole paso. Me he puesto a su altura y le he increpado su actitud por la ventanilla, a grito pelao, pero sin decirle lo que realmente pensaba. Mientras le gritaba y él bajaba la ventanilla me he dado cuenta de quién era.

Obviamente no se encontraba con sus capacidades plenas como conductor, bien porque venía de farra completamente perjudicado, bien porque ya no se encuentra apto para conducir debido a su edad, o bien porque había consumido alcohol u otras sustancias narcóticas psicotrópicas ilegales (eso nunca lo sabré, como siempre se presume su inocencia). El pollo, por el cual no siento ningún respeto más allá de los que la Carta de Derechos humanos exige, pensando que le increpaba por no apartarse y permitirme pasar, se ha excusado diciendo que no podía apartarse más porque no había sitio.

Cuando le he dicho que casi me mato porque se ha cruzado los carriles contrariando las normas del Código de Circulación, obviando el más mínimo civismo y sentido común, lo único que ha dicho es que “qué quieres que te diga, pues lo siento“·

Ante el asombro de mi mujer, que no sabía quién era el ínclito, le he increpado que parecía mentira que fuera quien es, puesto que por sus antecedentes políticos rebosaba hipocresía con su actitud, y he proseguido mi marcha hacia el hospital, ya que lo primero es lo primero.

Os juro que he sentido unas ganas horribles de bajarme y partirle la cara. Es así, soy humano. Si os cruzáis con un coche de esas características por esa zona, temblad: probablemente provocará un accidente en el que os veréis involucrados, aunque circuléis correctamente como yo.

Me voy a la cama, que ya son las cinco de la madrugada prácticamente. Señor Císcar, que sepa usted que un “lo siento” no le da patente de corso para jugar con la vida de las personas. Y si lamentablemente creyera que es así, sepa que hay personas inocentes entre rejas con mayor dignidad que usted. Para delinquir no hay que empuñar un arma: basta con tener carnet de conducir. Cuánta razón tiene la DGT.

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