Me hago viejo
Archivado en: Blogs, Mis dos céntimos, Para que aprendasSeamos serios… la caída del cabello no la frena ni Dios. Te lo dice uno que la semana que viene cumple 29 años… y está medio calvo ya.
No es por exagerar, es que está científicamente probado. Obviamente, a día de hoy al menos sí. Así que lamento decir a quienes hayan llegado a este post esperando encontrar la respuesta en la sección de perfumería de su supermercado para su incipiente calvície… lamento haberles cortado el rollito siendo tan brutalmente honesto.
A través de Bloguzz -ya sabes: tú tienes un producto, yo tengo un blog, cruzamos intereses: lo pruebo y cruelmente te pongo a parir y amablemente te escribo una opinión sobre tu producto- ha llegado a mis manos el Tratamiento intensivo STOP-CAÍDA con Aminexil® 90mg, con Champú preventivo fortificante para cabellos en fase de caída de Laboratorios Garnier. Y no, no voy a hacer un review tan blandito ni tan escueto ni tan “a la moda” como los que ya he visto sobre este producto… porque ya que he empezado diciendo las cosas bien claritas -Garnier fijo que ya no me manda nada más para que lo pruebe, es una pena-, quiero terminar del mismo modo: sincero hasta que duela.
Este review será distinto, empezando por las fotos, que son mías y no las he sacado de su web -y perdonad, que las hice en el baño y con unas condiciones de luz un poco inadecuadas. Creo que básicamente debo decir dos cosas de este producto:
La primera es que el tratamiento está compuesto por unas ampollas y un champú, ambos complementarios… el uno sin el otro ya no valen para nada (mecachis…). El champú está simple y genialmente dentro de la magnífica línea que muchos ya conoceréis por vuestras mujeres de Fructis… es decir, un intenso y agradable olor afrutado, de tacto suave y brillante… que te deja el pelo muy requetebién (cómo me gusta usar esta palabra y qué pocas ocasiones tengo para hacerlo…)
Las ampollas, de fácil apertura, envoltorio ecológico de plástico, líquido transparente de olor fresquito y suave ligeramente afrutado, con el principio cosmético -recalco esto, no es un principio farmacológico o químico, es cosmético- llamado “Aminexil®“, son la base realmente del tratamiento, y se deben aplicar mediante suaves masajes sobre el pelo “seco o humedecido” para ver resultados visibles una vez al día, durante sesenta días (¿sesenta? tal vez eran menos, no recuerdo bien)… o tres veces por semana como mínimo. En cada caja vienen doce ampollas.
La segunda es el precio, que no lleva engaño. El champú, tres euretes -como casi cualquiera de Garnier… pero las 12 ampollas 20 euros menos un céntimo -que es más real que ver psicológicamente un número acabado en nueve.
Ahora multipliquemos. El champú te dura uno o dos meses, dependiendo de tu frecuencia de uso. Bien, 1,50 al mes… pocos céntimos al día. Pero las ampollas, usadas regularmente, te vienes a gastar más o menos un euro por día. Esto es: para empezar a ver resultados deberán haber pasado dos meses, y haberte gastado unos 85 euros en total -redondeando al alza, que mola más. ¿Crees tú que si quince mil pesetas cada dos meses frenasen la caída del cabello, habría tantos calvos? ¿De verdad crees que yo sería uno de ellos? No, querido enfermillo, desengáñate: yo no sería calvo.
El champú, como tal, con los principios activos que tiene, que ahora mismo no recuerdo, y si te fías de todo lo que pone en la etiqueta -y no digo la composición, sino las maravillas que cualquier champú te promete- realmente no está mal: en unos cuantos lavados debes empezar a notar que tu pelo goza de mejor salud. Yo venía utilizando uno parecido de otra marca, y luego me pasé al mismo envasado como marca blanca de un supermercado… y probablemente, tras utilizar este producto, me cambiaré a él.
Pero las ampollas… teniendo en cuenta que no pueden con la caída del cabello por estrés, ansiedad, o simplemente por el irremediable paso del tiempo… y teniendo en cuenta que la calvície tiene una gran parte de propensión genética a sus espaldas, realmente no creo que cumplan su cometido… porque llegará un momento en el que, achuchados por la crisis, tengamos que dejar -los españolitos pocoeuristas medios de a pié- de pagar algún producto que no cubra necesidades vitales para poder ponerle gasolina al coche o comprar el bono del metro, pensemos que realmente no vale la pena continuar gastándose tres mil trescientas pesetas de las de antes en unas ampollitas que, al final de la película, no evitarán que seamos calvos como nuestro padre, nuestro abuelo y nuestro bisabuelo.
Cada uno tiene una edad, y desde mi punto de vista, no hay que avergonzarse ni intentar aparentar que se es más joven, sino todo lo contrario: la experiencia vital es algo maravilloso, y si envejecer -sí sí, con 30 años también se “envejece”- supone perder el cabello, incluso en eso hay belleza. Que se te caiga el pelo por motivos naturales, claro está, sólo significa que estás viviendo tu vida con plenitud, y pretender jugar a ser Dios y actuar contra natura, por ahora, no da resultados.
Señores de Garnier: francamente, lamento haber sido tan sincero, tras sus bonitas palabras -con alguna que otra falta de ortografía que clamaba al cielo- en la carta que incluían en su paquete, y el olor alegre, juvenil, primaveral y bucólico de su producto… pero la verdad es cruda a veces… aunque los negocios son los negocios. Probablemente, yo compraré su champú Stop-Caída… debido a su relación calidad/precio, pero no sus ampollas, debido precisamente a su relación calidad/precio pero esta vez incluyendo en la ecuación el “resultado” esperado.
Den algo de vidilla a los fabricantes de pelucas prótesis capilares… que la cosa está muy malita en nuestro país como para que vengan ustedes y de un plumazo erradiquen la calvície… (es bromita…) Menos mal que lo suyo son productos cosméticos, de una marca de reconocido prestigio, con gente profesional, elaborados en laboratorios de tecnología punta… y no “baba de caracol” embotellada ni cosas de esas que se ven en la teletienda entre la película porno y los contactos eróticos de madrugada… Sea como fuere, si sus productos contribuyen a frenar, por poco que sea, la caída del cabello de algún hombre que sienta atacada su varonía por cumplir años, me quito el sombrero (y muestro mi incipiente calva en una majestuosa reverencia).
Es una pena que probablemente ningún anunciante quiera mandarme más cosas después de leer esto… jejejejeje…
Escrita el Viernes, 06 de Junio de 2008, a las 17:47 h. y archivada en Blogs, Mis dos céntimos, Para que aprendas. Puedes seguir las respuestas de esta entrada a través de la RSS 2.0. Puedes hacer trackback desde tu web.











