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Reinterpretarse

Todavía recuerdo las largas tardes de invierno cuando Doña Esposa y yo jugábamos con gran avidez, con la saga de Prince of Persia para PS2. Mi manera de jugar le sacaba de quicio.

Ella buscaba exhaustiva y minuciosamente en cada rincón, rompía cada ánfora, cada caja, cada diván, cada pared que parecía falsa… buscando una mejora de vida, un arma nueva o cualquier otro premio.

Yo, en cambio, tiraba para adelante. Liquidaba a tantos guardias como podía y no esquivaba la batalla. No realizaba matanzas silenciosas, no me importaba ir de frente y que me partieran en trescientos pedazos.

Tal vez por eso, cuando aparecía el Dahaka, me cedía siempre el mando.

El cuento, con el tiempo, no ha cambiado mucho. Ahora, los signos externos me obligan a reinterpretarme. A explorar con minuciosidad, como hacía ella, cada recoveco, con cada posibilidad, con cada expectativa.

Pero en el fondo, siempre sigo deseando escuchar la voz del Príncipe Oscuro diciéndome aquello de… ¿Ves? Ahora nos va a matar para cerrar los ojos y cargar. Así venga ella y nos mate.

La primavera de 2011

Demasiado tarde. Han intentado silenciar y ningunear a mucha gente. No sólo a una generación (no me refiero a los ni-ni), sino a muchas. Mucha gente harta de las mentiras de los políticos, de los robos de los bancos, de las injustas leyes que les impiden tener una mínima esperanza en el futuro, el status de una sociedad que no les permite ofrecerles un mañana mejor a sus hijos, a sus nietos. Cosas obviamente muy etéreas. Pero que nos han abierto los ojos a todos.

Ha sido una “revolución” de todo menos silenciosa. Se ha intentado minimizar desde los medios de comunicación, menospreciando y falseando informaciones. Se ha intentado sofocar desde el Gobierno, que no quiere que el hartazgo de la gente interfiera en sus resultados electorales (no olvidemos que el día 22 de marzo hay elecciones autonómicas y municipales). Pero no ha sido posible. Ni la policía con sus desalojos, ni las decisiones de Gobernación Civil ni de la Junta Electoral pueden parar un movimiento, con claras intenciones políticas, pero sin ideología. Ciudadanos ejerciendo sus derechos, ocupando las calles.

La “primavera árabe” se ha extendido hasta España, y una “revolución” pacífica y totalmente digital ha hecho aflorar lo mejor de mucha gente, a quienes no les queda otra cosa que protestar. Con las mismas cartas que se nos deja jugar, cartas que se nos ha impuesto en esta partida democrática. Con los medios sociales como altavoces, más potentes que nunca, llegando más lejos que nunca. Con los ojos del mundo con su vista puesta sobre España, porque es vergonzoso que hasta que los grandes medios americanos no se han hecho eco, aquí nadie hablaba abiertamente del tema.

Con la gente, solidaria, apoyando las protestas, organizándose, debatiendo alternativas, buscando soluciones. Haciendo, en definitiva, el trabajo que a quienes elegimos para que lo hicieran no han sabido hacer.

Muchos se han apuntado al carro, deprisa y corriendo. Sobre todo los políticos, porque la desvergüenza de los medios queda suplida por twitter, el gran protagonista de este movimiento. Pero, como digo, ya es tarde. Los españoles una vez más hemos demostrado de qué pasta estamos hechos.

¿Qué ha pasado? Bueno, pues es muy sencillo. Está meridianamente claro: estamos haciendo historia. Estamos a las puertas de un futuro que queremos construir entre todos. En igualdad. Con igualdad para todos. Estamos dando una lección al mundo.

En los próximos días, semanas, meses tal vez, sabremos si esta primavera de 2011 será una más… o será la Primavera de 2011.

Sólo el tiempo

Cuando alguien se va, no podemos hacer nada. Sólo esperar que pase el tiempo y se mitigue el dolor. Aunque el tiempo nunca pasa por nuestros recuerdos, por nuestros corazones. Lo único que sí podemos hacer es retener en nuestra memoria cada instante de felicidad junto a ellos. Y no permitir que se olviden jamás. Porque así seguirán vivos por siempre.

Road to Vigo, 2011

Tras esta curva, está Vigo.

La primera vez que la tomé fue hace ya diez años. Fue mi primer Road to Vigo™.

Este verano volveré a emprender un camino que hace ya casi seis años que no hago. Y mi cerebro comienza a segregar endorfinas sólo con pensarlo. En otras condiciones: coche nuevo, compañía nueva (Doña Esposa y mi pequeño), asistente a la conducción digital (adiós al tocho de mapa de carreteras), y toda una red de vías que habrá sufrido los mil y un cambios a lo largo de estos años.

Hay mucha gente que no disfruta de los viajes, porque está más ansiosa de llegar que de otra cosa. Para mi, por el contrario, parece que el viaje haya comenzado ya. En el momento en que empieza el proceso de planificación, y que se intensificará los meses, las semanas, los días que preceden al momento de entrar en el coche, ponerse el cinturón y encender el contacto girando la llave. Cuando las bujías provoquen la ingición, y vuelva a rugir el motor, habrá comenzado la aventura. Una aventura que se vive kilómetro a kilómetro. Aunque, como he dicho, esta vez será distinto.

La primera vez conduje de noche gran parte del trayecto. Fue con “el Rey León”, mi pequeño Peugeot 205 GT. Ahora será con un vehículo familiar, con parada y fonda en algún lugar pasando Madrid… pero la esencia será la misma: el reencuentro con parte de nosotros mismos, con la familia, el redescubrimiento del frescor atlántico, de bosques caducifolios, el sonido de las gaviotas al amanecer, del mar, océano, viejo y bravo. Una nueva vuelta más.

Todo eran percepciones. Que me acompañan aún hoy. Todavía recuerdo aquella noche sin dormir, aquellas horas nervioso en la cama, mirando al reloj, que debía marcar las 4 para mostrarme el momento en el que me pondría en marcha. Aquél primer viaje “largo”, y tan largo. Con amenaza de temporal. Sin cadenas. Qué miedo. Recuerdo el hielo en Cuenca. La oscuridad del camino equivocado hasta llegar a la luz del enlace en Honrubia. Amanecer en Madrid. Las monstruosas y aterradoras circunvalaciones “M” en Madrid. La nieve y los camiones en Guadarrama. La Cruz de los Caídos al fondo. La lluvia en Zamora. El granizo. El sol parecía que nunca llegaría. Tordesillas. Benavente. La A52. Dejar la meseta. Subir. Escalar. Padornelo. Los quitanieves. El túnel. Aquél túnel. Galicia. Los bosques. Parecía como si las ruedas no se pegasen al asfalto, como si el coche volara. Ourense. Cien kilómetros. El “Vitiza”, escandaloso al otro lado de la carretera. Y por fin aquella curva. Aquella bendita curva… Mi radiocasette. La primera vez que me pitaron en la Gran Vía. Aquél semáforo en el que bajé la ventanilla y puse a tope la Marcha Imperial. Llegar, y perderme a 50 metros de su casa…

El viaje, estos viajes, todos los que vinieron después, no son más que una introspección, la consecución de tantos anhelos, esperanzas y sueños. Victorias, momentos épicos que ni la más dura de las derrotas podría empañar. Sueños cumplidos. Aquella primera vez fue una prueba de voluntad. Con un coche de más de 12 años, sin saber cómo iba a responder, con mi poca experiencia al volante, con mi nula experiencia de la vida… ¡siendo un crío, maldita sea! Era consciente de cada curva, de cada cambio de rasante, de cada carril, de cada señal… Mi hermano y mis compañeros de la universidad me llamaron para saber si todo había ido bien.

Y ahora que lo pienso… si estoy hablando de esto, diez años después, es que nuestro viaje ha comenzado ya.

Admiración

Jamie Oliver será todo lo que queráis. Pero todo. No tendrá estudios. Será un “guarro” en la cocina. Le pone guindilla a todo. Es un maldito hijo de la Gran Bretaña. Ponedle todos ls adjetivos que queráis, pero yo le admiro.

El botón de pánico

Seguro que no os habéis fijado, pero en la parte inferior de mi blog hay un botón rojo. Lo he dejado ahí para que, cuando os entre el pánico, podáis contactar conmigo.

Obviamente no, no me he vuelto de repente un “animal social”, parafraseando el título del blog de una amiga. Conservo intacta, eso sí, mi política personal respecto a mis perfiles sociales. Pero sí puedes pedirme consejo si sientes que tu vida en los medios sociales no está siendo especialmente productiva.

Muchas empresas tienen miedo de pulsar ese botón. Y si lo pulsan, y no tienes un título universitario (¿hay algún título universitario que te faculte como Social Media Expert?), y no les cobras la maldita vida por hacer lo que tienes que hacer, ni se detienen a hablar contigo.

Es triste, pero es así. En muchas ocasiones, no hay que hacer un master en dirección de empresas, ni conocer los significados de todos los términos “marketinianos” para tener dichos conocimientos. Es más, créeme, si ellos los tuvieran, no acudirían a los consultores profesionales. Ellos son los que no los tienen. Pero luego en el fondo, siempre hay algo que decir, porque de fúrgol, del gobierno y de internete, sabemos todos.

De hecho ahí reside el quid de la cuestión, en la experiencia. Cuando tienes la experiencia que te da más de una década trabajando y moviéndote en el ecosistema digital (hablaría de jungla pero no sé si procede), y encima resulta que como te has quedado medio calvo tienes dos dedos de frente, posees un gran número de papeletas para saber qué te estás haciendo.

Como el ajedrecista profesional respira blancas y negras, como el músico respira claves y notas, como el economista respira números y cifras… el profesional de internet respira medios y tecnología.

Esto, señores, se llama second nature. Y como todo, existe un botón de pánico para convocarla.

Muletillas e interjecciones

Todos tenemos nuestras muletillas. Es normal.

Desde pequeños, en el colegio se nos enseña que no anteponer “yo” antes de una acción que protagonizamos dentro de un discurso, es una muestra de madurez en el uso del lenguaje. También se nos enseña que dicha madurez se demuestra evitando el uso de muletillas, o palabras que se repiten sin sentido, para reafirmar una comunicación imprecisa. Y aún así, seguimos usándolo. Los “gritos de macho” “Auh, auh, auh…” “Vale”. “Bueno”. “Ché”. “Joder”. “O sea”. “Tío”. “A ver ho…”. Cuando una frase, o palabra, se convierte en la muletilla de uno bueno… puede ser más o menos gracioso. Las muletillas tienen épocas,se pasan… te olvidas, dejas de usarlas de manera inconsciente.

Cuando la catástrofe lingüística  se pega al resto de tus congéneres, existe el peligro de  llegar a ser cansino y repetitivo.

No puedes hacer nada, porque evidentemente, el uso de muletillas o interjecciones demuestra la falta de riqueza léxica de quien las usa, y eso te reconforta, en tu “pedante sentido de entender la vida”. Generalmente, entre quienes la usan se trata de un acto de simpatía, de gracia, de “conexión social” con la persona que la ha “acuñado”, si es que se puede emplear ese término al uso de una frase destinada a “darle una patada en los cojones al diccionario”.

La evitas, pero es imposible no acabar hasta el gorro de oírlas. Es tragicómico: piensas que quien la usa es un descerebrado, y te apena que lo sea.

Gritarías como el Rey: “¿Por qué no te callas?”. Pero a veces es políticamente incorrecto. Por eso, en ocasiones, te pones los cascos.

España sufre de titulitis

Y así vamos mal.

Cuando la experiencia y los conocimientos no se pueden apoyar en un título universitario, las empresas no te contratan.

¿Cuál es la solución? Que sus directivos dimitan. Todos los que sean incapaces de ver que hay vida más allá del título universitario. Afortunadamente,

BBM para iPhone

Durante algún tiempo llevo indagando sobre las aplicaciones de mensajería cross-platform, esto es, que corren en varias plataformas, interconectando dispositivos con distintos sistemas operativos (Android, iOs, BlackBerry Os…), y he llegado a las siguientes conclusiones:

  • Todos quieren imitar al BlackBerry Messenger en términos de privacidad, rapidez, conectividad.
  • Ninguno es capaz de imitar al BlackBerry Messenger. No, What’sApp tampoco.
  • BlackBerry Messenger no está (ni estará) disponible para otras plataformas.

La tecnología de BBM se basa precisamente en que está construido sobre la base tecnológica de BlackBerry, compartiendo sus niveles de seguridad y fiabilidad. Así que es impensable completamente que cualquier otra solución de mensajería, venga de donde venga, cumpla con esos mismos requisitos. Y es delirio febril pensar en usar el PIN.

Así que gracias por llegar hasta esta entrada. Como dicen los rasca-rasca no premiados:
Sigue jugando…” o pásate a BlackBerry.

Cállate, que aún estás a tiempo

A lo largo del día, me pongo los cascos. Pero los tengo en silencio. Creo que ya he hablado alguna vez de esto. ¿Fue en este blog, o en mi otro blog? Ahora no lo recuerdo.

El caso es que en ocasiones, cuando se quedan en silencio sin yo quererlo, me veo forzado a escuchar cada cosa que haría revolverse a más de uno en su tumba… incluso aunque no estuviera muerto. Salgo a la calle y no puedo evitar escuchar hablar a la gente. A veces, hasta llegar al Canal de Historia, hago zapping inocentemente y me cruzo con mentecatos vomitando gilipolleces en forma de tertulianos o invitados de programas de telebasura.

Me gustaría saber por qué estúpida razón la gente no es capaz de mantener la boca callada si no sabe de lo que está hablando.

Venga, en serio. ¿Alguien sabe por qué? Cuando España jugaba la Copa del Mundo de fúrgol, teníamos como unos 40 millones de seleccionadores nacionales. Ahora resulta que somos el país con más ingenieros nucleares del mundo. Todos tenemos unos conocimientos del copón de tecnología… y ya ni hablemos de teléfonos móviles y de videoconsolas.

Videoconsolas. Oh cielos. Algún día hablaré de los cojoncimientos que algunos blanden a la hora de esgrimir sus estúpidas razones para demostrar con la boca llena que son capaces de defender su ignorancia hasta hacer sangrar los ojos y oídos de quienes presencien su diarrea verbal… y aún más, hacerles sentir vergüenza ajena, a mitad de camino entre asco, pena y lástima (esta última en ínfima medida).

Pero centrándonos en el tema, basta con echar un vistazo a determinadas páginas web o blogs, que parecen, o dicen tener cierta autoridad; o incluso aquellas que quedan revestidas de dicha autoridad por su anacrónica revereberancia manchada de tinta. Sus portadas son un auténtico atentado a los ojos, con titulares amarillos, pretenciosos o infestados de temáticas oportunistas y / o inoportunas, que pretenden captar la atención de los usuarios con titulares salvajes, para ofrecerles contenidos de dudosa ética, de pestilente lacra política o, en el peor de los casos, de informaciones manipuladas o falsas.

Doy gracias a Dios por dotarme de la inteligencia necesaria para identificarlas y esquivarlas. A su vez, doy gracias a mis profesores por enseñarme a desarrollar las dotes necesarias para saber que no es necesario hablar ni una sola palabra para que alguien te diga, con toda la razón del mundo, que calles tu mensaje. De una maldita vez.

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