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¿Y tú de qué me conoces?

Hoy me ha vuelto a pasar. ¿Y cómo le dices que no? Alguien te sigue en twitter, y de repente quiere ser tu amigo en Facebook. ¿No os ha pasado?

Seguro que sí. Entonces inocentemente, respondes a su solicitud de amistad con un simple “perdona, ¿nos conocemos?” Porque resulta que de repente ves una cara y un perfil de un corte y unas características que se parcen más bien poco o nada a lo que tu considerarías “tu amigo”… y aquél te contesta “sí, del twitter”. ¿Y qué haces? Ya has cometido el grave error de establecer contacto humano… Pero, ¿es tu amigo de verdad? ¿Siquiera tu conocido?

En Twitter y Facebook sucede algo muy curioso. La interacción entre las personas es completamente distinta. En Twitter, te pueden mencionar, y lo harán, quieras o no. Y se puede formar conversación alrededor de ti, quieras o no. Es por eso por lo que utilizo Twitter de una manera “más profesional”.  En Facebook, en cambio, tú decides si quieres que haya o no conversaciones, y si quieres eliminar a alguien parcialmente de tu timeline… y de los de los demás. Twitter no permite medias tintas.

Y si tú quieres , puedes hacer que alguien se entere de lo que pones en FB y no en Twitter, pero como en este caso, puede suceder que te aborde con una solicitud de amistad que incluso te hace preguntarle pór su identidad.

El problema al fin y al cabo, es una cuestión de moralidad. O de ausencia de ella. Perdón, ¿dije moralidad? No, quise decir excrecencias plúmbeas.

Mi próxima noche de los cuchillos largos se abstraerá de todas esas cuestiones, y aliviará la carga de mi timeline…

Pax fallera

Toda la semana llevo anticipándome a la despertá de los falleros, a esa gente a la que tanto odio les tengo de manera casi devota, y a la que si nada lo remedia tendré que verme sometido y sodomizado desde el año que viene, si finalmente Doña Esposa decide que mi peque va a serlo.

Y es que madrugar está muy bien visto, al menos por ellos. No sólo secuestran semanas antes bajo su errática voluntad calles y plazas, sino que además también deciden cuándo niños, mayores y enfermos deben despertarse y alterar sus espacios de sueño, y cuándo “toca la banda” hasta las tantas los temas de siempre, soniquetes martilleantes que hacen sangrar los oídos de los vecinos.

La paz sólo llega cuando una alma caritativa le da la mecha a la fallereta y entre lágrimas y sollozos de cocodrilo, enciende la mecha que impasible ejecuta con precisión quirúrgica la incineración de los monumentos de poliespán. La paz al final sólo llega con el fuego.

Tantos zippos en mi casa, y tan pocas fallas que quemar…

Exégesis

Despertar de un sueño y descubrir que todavía tienes ganas de soñar no es malo. Un ejercicio de exégesis puede, y debe, instruirte para que cuando vuelvas a cerrar los ojos y abandonarte a Morfeo, no vuelvas a cometer los mismos errores que te hicieron despertar.

Hoy, toca.

De papeles y audiencias

Hoy he invertido como unos veinte minutos de mi tiempo en formarme como profesional. Y necesito compartir con todo el mundo (qué idiotez) los dos vídeos en los que he repartido ese tiempo.

El primero fue esta mañana. Como siempre “enredando”, llegué hasta una web llamada Information Architects. En él, una entrevista sobre el futuro de los diarios tradicionales en los nuevos medios. Cuando arda el papel, tampoco serán las “apps” las que se lleven el gato al agua. No, no, no, no… será la web. Pura y dura. Lo importante, como siempre, es el usuario, y eso hay que tenerlo muy en cuenta, como lo tuvieron ellos al crear la web adaptada para tablets de Zeit Online.

Via | http://www.informationarchitects.jp/en/news-on-ipad-the-obvious-way/

Y cuando ya hayamos quemado el papel y descubramos que ni la tinta ni las cenizas manchan más nuestras manos, podemos preguntarnos quién ha visto un audímetro. Ya sabéis… esos aparatitos que supuestamente miden las audiencias de los programas, y nos dicen “qué es lo más visto en la tele, y qué no”… Con la voz del Jefe Wiggum de Los Simpsons (Juan Perucho en la vida real), un usuario nos enseña cómo funciona el aparatito ese del que todos hablan alguna vez, pero que nadie antes probablemente habría visto. Lo he encontrado en La Silla del Alcalde, el blog de Bruno Ramos y Celia Dubal.

Via |  http://www.brunoramos.es/wplocal/2010/11/tv-or-not-tv/

Tirar la toalla

Fue Winston Churchill, el mítico Primer Ministro británico, con su bombín, su pajarita, su puro y su gesto de victoria (del que ahora hablaré), el que dignificó a toda una generación con su “Never, never, never give up”. Fue el 29 de octubre de 1941 cuando invitado a dar una charla en el Harrow School, pronunció las míticas palabras:

Never, ever, ever, ever, ever, ever, ever, give up. Never give up. Never give up. Never give up.

Arengar a la juventud con esas palabras fortaleciendo su espíritu fue uno de los gestos más emblemáticos del político británico… que ha traspasado el Canal de la Mancha para instaurarse como lema de motivación en todo el mundo.

El gesto de la victoria también es algo británico. Durante la guerra de los 100 años, que no fue de 100 sino de 116 años (entre 1337 y 1453), de los cuales 54 fueron de tregua; que enfrentó a Francia e Inglaterra, las huestes francesas sucumbían bajo las certeras y mortíferas flechas lanzadas por los arqueros, grandísimos hijos de la Gran Bretaña.

El francés, con su delicadeza  de sobras conocida por la historia de España, cada vez que en una batalla conseguía hacer prisioneros entre las inglesas, amputaba los dedos índice y corazón de sus arqueros antes de dejarles libres, para evitar que volvieran a empuñar un arco nunca más.

Como símbolo de burla, cuando el inglés doblegaba al francés, sus tropas  paseaban mostrando sus dedos índice y corazón, indicándoles que por mucho que les quitaran los dedos a sus arqueros, otros vendrían a ocupar su lugar y derrotarlos. Desde entonces, ese gesto ha pasado a formar parte de nuestro lenguaje no verbal como señal de triunfo.

Bien, hoy tras una dura batalla, me han sido “amputados” los dedos índice y corazón (en sentido figurado). He sido vencido por un enemigo con el que no contaba, y me va a tocar volver a empezar de nuevo a fraguar otra estrategia… pero no me cabe la menor duda de que pronto, algún día, pasearé de nuevo ante el código traidor y le mostraré mis dedos índice y corazón alzándose en señal de victoria.

Ahora, a descansar. Por hoy, ya está bien.

Vale, que sí…

Que tienes razón. Que siempre es lo mismo. Y cada vez que se convoca una, Doña Esposa pone semblante grave y me invita a bajar con razonamientos tan irrefutables como: “hombre que si vas a bajar…”

Y bajas. Y de nuevo te sientes como si estuvieras en un gallinero. Las personas se transforman, demonizan y blasfeman sobre sus vecinos, dicen estupideces a la carrera, a ver quién la suelta más gorda, o hacen corrillos e impiden al presidente / administrador / gallito del corral poner orden.

Además, siempre se repiten los mismos roles: el sumiso pasivo, la malfollá, el listillo, el mala hostia, el ONG, el pacificador, el beligerante y, por supuesto, el abuelo cebolleta (figura mítica en las reuniones de escalera).

Todo esto si es que no hay fúrgol, cuando el 95% de los arriba mentados no están ni se les espera.

Y para qué? Pues para acordar que del dolce far niente se vive de puta madre, aplazar los temas “para la próxima reunión”, y discutir a grito pelao del oro de Moscú (en ordenados grupos de a tres, claro).

Siempre digo lo mismo: a mi no me cogen más… Y siempre pasa igual: las sufro en silencio, como las Fallas y alguna que otra situación que no puedo contar…

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Sagrado Corazón de Darth Vader

Un motivo más para creer en el Lado Oscuro

Como decíamos ayer…

Mi mujer es consciente del tipo de personas de las que me rodeo. Y siempre me hace la misma pregunta: por qué siempre vas con gente más mayor que tú?

Mi contestación invariablemente es la misma: Voy con gente que me aporta algo, y de la que pueda aprender.

Siempre me he sentido afortunado. He sido llamado a reuniones en las que se han tratado los temas más variopintos, de la más diversa gravedad y alcance, y de muchos grados de calado y repercusión.

Lo más sorprendente es que ahora me he dado cuenta de que algo ha cambiado acerca de las circunstancias y periodicidad con las que soy llamado a esas reuniones con gente de más edad y experiencia: cada vez son más frecuentes, y cada vez escucho menos, hablo más, y mis opiniones también cuentan.

Cuánta razón tenia mi madre con aquello de que hay que “ver, oír y callar”. Ya crecerás, y te tocará el turno de palabra. Me siento bien, humildemente bien. Y sigo aprendiendo cada vez que alguien me llama a escuchar con atención.

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Un problema menos

Cada muesca que hago en mi revólver, es un problema menos.

El problema es que cada vez tengo más muescas. Y más problemas. No es proporcional.

Clasificación de relaciones personales

No se puede ignorar a la humanidad en su conjunto. No se puede ser independiente, ni individual, ni crear un círculo cerrado de confianza. Está mal visto por esta hipócrita sociedad en la que nos ha tocado vivir.  Perdón, pero discrepo. El “equipo” no siempre cuenta. No es imprescindible. No me sirve eso de que “cuantos más seamos”… que se lo cuenten a Julio César… cuantos más seamos, más puñaladas te caerán.

Yo, en mi egocéntrica majestad, he creado círculos concéntricos alrededor de mi vida, como los anillos de los árboles, guiado y orientado por todos los palos que he recibido en mis seis lustros de vida. Transparente a más no poder. Simple. Sencilla. Directa. Como debe ser.

Está el núcleo duro: mi familia. Los que no me han fallado nunca jamás. Y jamás lo harán. Porque son mi familia. La familia es familia siempre. Pase lo que pase.

Después están mis amigos. Apenas incluyo a un puñado de personas. No más de una docena. Gente de mi absoluta confianza, siendo ésta recíproca e incondicional.

Después vienen los socios. Imprescindibles para llevar a buen puerto determinadas acciones, negocios y proyectos. Se encuentran en proporción  dentro del círculo de mis amigos, lo cual facilita las cosas enormemente. La misma conexión de fidelidad, confianza y reciprocidad.

Luego están mis contactos. A un paso de entrar en el círculo de amigos, pero todavía no. Están en periodo de pruebas. La vida dirá si entran, o se quedan como “ante Portam Latinam”.

Tras ellos vienen mis conocidos sociales. Con los que intercambio información intrascendente. Desde el panadero de mi barrio, al que aprecio un montón, pasando por los vecinos, ex-amigos, etc…

Y finalmente está la gente etiquetada, clasificada, crucificada y enviada a la “papelera de reciclaje” La gente que te ha hecho daño en la vida, y te ha inducido a  generar esta clasificación. Lo triste es que algunos amigos, socios y conocidos sirven como personas-puente, que pueden traspasar (de forma voluntaria o involuntaria) sobre ti, porque mantienen relación con aquellos. Pero a estas alturas, todo debe darte igual: cada cierto tiempo, la papelera se llena, y la vacías sin más. La relación de confianza y fidelidad que tienes con tus círculos más próximos, hace implícita la existencia de mínima conexión con aquellos.

¿Sorprendidos?¿Decepcionados? Entonces es que estáis entre mis conocidos… o dentro de la papelera directamente. Al resto, besos y abrazos sin mariconadas.  A ti también, no te quepa duda ;)

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