Cuando no tienes tiempo ni para procrastinar
A veces ocurre que no tienes tiempo ni siquiera para procrastinar. Tanto trabajo y tantos proyectos, tantos frentes abiertos, tantas cosas pendientes en la lista to-do que incluso la BlackBerry se vuelve loca, no tienen que ser buenos.
Cuando no dispones de un tiempo -medianamente razonable- para poder desarrollar tus capacidades, y tienes que “aprender” a salto de mata, dando patadas a la formación, comiéndote tutoriales que vomitas mal digeridos, y arrasando códigos como un elefante en una cacharrería, es cuando más desearías que todo fuera (un poquito) más despacio.
Cuando comparas tu rendimiento con el de los demás, lo que tú haces con lo que hacen otros, tu contribución con sus medallas… sientes que así es la vida de las hormiguitas. Y eres feliz siendo hormiguita. Hormiguita estresada, pero hormiguita, al fin y al cabo. La reina sabrá valorar tu capacidad. Y si no, mal vamos.
Me he vuelto muy malpensado
Mi madre a veces lo dice, que se ha vuelto mala con los años. Y es que la candidez de la juventud, cuando va clareando tu frente, comienza a transformarse lentamente en una visión oscura y abyecta de la realidad. Que no te fías de nadie, vaya.
Desconfío de los que no van de frente. Desconfío de quienes van a pecho descubierto. Desconfío de los que quieren ser mis colegas. Desconfío de los que no quieren ser mis colegas. Desconfío de quienes pretenden saber más que yo. Desconfío de los que dicen saber menos que yo. Desconfío de quienes me aplauden. Desconfío plenamente de quienes no me aplaudirán nunca. Desconfío de quien se cuelga mis medallas. Desconfío de quienes no se las cuelgan. Maldita sea, hay días que creo que he perdido la fe en la especie humana.
Debe ser patológico. No os acerquéis a mi. Desconfiad.
Policía escondiéndose de Google
No, me he vuelto loco. Intentando geolocalizar una cosa, he topado con la siguiente curiosa escena de Street View:
El policía local de Paterna, a cara descubierta, divisa al coche de Street View. El coche se aproxima, el policía encuentra una cortina en la puerta junto a la que está apostado, y se mete dentro. Cuando el coche sale, el policía desaparece. Lo curioso es que cree que Google no le está captando… y sí que le está captando. Por suerte, los algoritmos de reconocimiento facial distorsionan su cara, lo que le esconde un poquito mejor que la cortina… Es completamente natural y comprensible que un agente del orden no desea aparecer en Street View… ¡a mi tampoco me haría gracia! Pero la situación no deja de ser anecdóticamente curiosa. No tanto como ver a una tía en pelotas tomando el sol, o a un tío cagando en plena calle… pero curioso al fin y al cabo.
Secuencia de los hechos en imágenes. Para verlo por vosotros mismos, sólo tenéis que ir aquí.
Google is evil. Hasta las fuerzas de seguridad se esconden de él…
Serendipia
Llevo unos días, un par de semanas tal vez, sintiendo la necesidad de comunicarme con gente nueva, de reproducir mis pensamientos como esporas, absorber todo lo que me quieran enseñar, y liberar el montón de ideas que me aprietan el pecho.
¿Se aproximará mi momento de serendipia? Todo el mundo tiene uno en la vida. Quizá se aproxime el mío. Temblad, malditos.
Contacto con tacto
Sí, he hecho el símil por el desafortunado programa de Bertín Osborne. Ya os podeís dar por satisfechos. Soy así de simple.
Humanamente simple. Masculinamente simple. A veces, el hecho de ser transparente, apasionado e impulsivo, de vivir y sentir sin medias tintas, me ha traído más de un problema -y no descarto que en el futuro siga siendo fuente de atracción de los mismos. Pero a veces sucede que encuentras a personas con las que conectas directamente. Y vale la pena dar la cara y arriesgarse un poquito para conocerlas. Feeling le llaman los cursis anglófilos, creo. … Continuar leyendo »
Toshiba: la peor marca de España
Por razones que no vienen a cuento, cometí el fatal error de creer que Toshiba era una marca con mayor prestigio que su clon de baja calidad chino. Pero parece que me equivocaba.
Compre un disco duro multimedia de la gama StorE TV, de 1,5, para poder ejercer de pirata digital a mis anchas. Y entonces, este sábado el mando a distancia se estropeó.
Contacto inocentemente con la tienda oficial para adquirir un mando, y me remiten a llamar hoy a la Central.
Llamo y el tipo, con toda su parsimonia y aplomo me suelta que no reparan. Tan solo cambian si está en garantía.
Y le pregunto: vale y que hago? Y con mayor aplomo si cabe, me dice que nada. Que lo puedo tirar, o utilizar con un ordenador.
Alucinante es poco.
Mirare si todavía tengo la factura… Y si no, le haré una autopsia, iré a mi camello informático habitual y compraré una carcasa multimedia.
Toshiba, no mola. Toshiba no es recomendable. Es preferible el DIY. Manda carallo.
Publicado con WordPress para BlackBerry.
Cosas inexplicables
En ocasiones, es bastante imposible determinar cuando se ha prendido la mecha con la chispa adecuada que va a hacer detonar el barril lleno de dinamita. A veces, una situación se vuelve insostenible en cuestión de segundos. Bastan con dos palabras o tres a lo sumo de tu interlocutor para que una plácida noche de fin de semana se torne en el más infernal lunes por la mañana..
Entonces crucificas y te crucifican. En realidad a mi es algo que no me importa lo más mínimo. Yo lo hago (“Confiteor…”), porque sé que me lo van a hacer. Al menos no albergo en mi la hipocresía de decir que no.
Existen, como digo, situaciones inexplicables, que desde la calma más chicha, pasan a la tempestad más salvaje. Pero ¿cómo detenerlas cuando no la has iniciado tú, y encima has dado tu brazo a torcer para que la tormenta amaine? En muchas ocasiones, por grande que sea el empeño, o humilde la intención, no es posible. En esos casos, lo mejor es simplemente laissez passer… ¿o no?
Sea como fuere, la sensación que te queda en el interior es muy extraña. Estás en paz contigo mismo porque no has hecho nada malo, pero al mismo tiempo desearías que portar armas de destrucción masiva y utilizarlas fuera absolutamente legal como en Yankilandia.
Conozco a mucha gente que escribe blogs frívolos y supérfluos. Gente que escribe libros sesudos y filosóficos. Probablemente todos ellos hayan pasado por una situación como la que describo. Y todos reaccionarían de forma similar a la que describo. Pero es más que probable que ninguno acertara en su resolución. Todos somos humanos, al fin y al cabo.
Tampoco tú. Ni yo. Nadie.
Obsesiones recurrentes
Desde hace unos años, hay una obsesión recurrente que recae sobre mi como si fuera una maldición. Es una obsesión que debo provocar de manera indiscriminada, y que irradio brutalmente, porque el magnetismo que la desata infecta a las personas a través del tiempo sin nexo de unión aparente… aunque ahora que lo pienso su nexo de unión es lo que yo un día anhelé ser y lo que hoy no querría ser.
Una cosa es lo que se ve, y otra lo que no se ve. Y hay cosas que no se ven, que cuentan. Contribución invisible: éxito visible.
No sé si me entendéis. Tampoco lo espero. No deja de ser una obsesión enfermiza que algún día extirparé de las mentes de quienes la sufren si es necesario. Y si no puede ser por las buenas, se hará sin anestesia.














