Paz interior
Llega el lunes, y tu jefe te planta en la puerta de la oficina tres paquetes que supuestamente debían estar en Finlandia (literalmente). Explotas, te cabreas, pegas cuatro gritos… y le dices que o follamos todos o la puta al río. Y tu jefe que no es tonto, la pilla al vuelo.
Y se lía. Se monta el belén. Como debía haberse montado hace mucho tiempo. Pero esta vez ha habido algo distinto. Esta vez, has dicho lo que tenías que decir. Y estás a lo que venga, porque sabes que contigo no va. Tu actitud va a cambiar… y lo mejor de todo es que a pesar de los momentos difíciles que estás viviendo, tu pecho está henchido de paz interior. Qué sensación tan contradictoria y maravillosa.
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