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Por un puñado de euros

Nuestra honradez y buen servicio para el detalle de su gran día.

Así de irónica reza la reseña que he encontrado en la red de un almacén llamado Detalles Raya, en el polígono “de los chinos”, antiguamente llamado de la Cova, de Manises. La mayoría -al menos una gran parte- de la gente que tiene eventos sociales del rollo BBC (bodas, bautizos y comuniones), acude a sitios como ese -que tampoco es que haya tantos- para agasajar a sus invitados con un detalle que les recuerde el singular y alegre acontecimiento que van a compartir.

Pero en este caso, escoger esa tienda es el peor error que uno puede cometer.
Si tienes una BBC sigue leyendo esto: te interesa.

Os cuento la historia. Ante la inminente llegada del bautizo de mi ahijado Víctor, acudimos a varias tiendas, y finalmente nos decidimos por aquella. El chico que nos atendió, con bastante amabilidad, nos dijo que no nos podría servir montado el detalle que queríamos, ya que en tres semanas “no tenían tiempo suficiente“. 24 regalos. Tremenda cantidad. Me dijo que pasara tal día como hoy a recogerlo, admitiendo únicamente pago en efectivo (un atraso en los tiempos que corren… o un adelanto si se trata de hacer venta en “B” -esto es, sin declarar impuestos). Me dio un resguardo indicando la cantidad que había dejado “a cuenta” para recoger el resto hoy.

Lo he pagado y recogido, y el chico me ha enseñado el contenido de las cajas. Las bolsas que debían contener los detalles, que eran de papel de estraza, no correspondían con las que había dentro de la caja. Eran unas bolsas cutres brillantes con una corbata. Le he hecho notar el tema, y me ha dicho que las otras bolsas les habían llegado en mal estado y que “el jefe” las estaba cambiando todas. En fin, he pensado, ya veremos qué pasa con esto. Me ha rebajado el precio “10 céntimos por unidad“… Total que me ha dado las cajas, sin factura ni nada, y me he marchado. Al llegar a casa dispuesto a montarlos, me he dado cuenta de que  los regalos -una botella de vino y una cajita de madera con un termómetro para el vino- entraban de manera forzada… vamos, que no cabían.

He llamado, y después de varios intentos, me ha cogido el teléfono. Le he explicado lo que sucedía y me ha dicho que él no podía hacer otra cosa, porque (me ha vuelto a explicar lo de las bolsas) y me ha dicho que sí que cabían… Le he pedido que me las cambiara, porque obviamente eso no era de recibo y se ha negado, ya que “no tenía otra cosa que ofrecerme“. Después de decirle que mañana iría allí y pondría una reclamación, ha intentado “calmar mis ánimos“. Y me ha ofrecido la solución cutre de envolverlo en papel de celofán. Ante esto, le he recordado que debía haberme llamado para indicarme que había habido ese cambio en el pedido que yo hice, ya que podía haber querido anular el pedido. Y aquí ha llegado lo sospechoso. No me ha dado factura, obviamente, porque la venta se ha hecho en negro, sin declarar. Él ha admitido por teléfono que tenía varias bodas que debía entregar el viernes, y todas estaban avisadas. Claro, ante mi pregunta ¿y por qué yo no he sido avisado? me ha contestado que como no era un pedido para hacer ellos, no lo tenían metido en el ordenador: esto significa que ese stock no ha sido computado, y obviamente, el pago no ha sido declarado, por lo que no me ha podido dar una factura, ya que ha realizado una venta de al margen de la ley.

Mañana por la mañana quería que fuese, es decir, que adaptase nuevamente mis horarios, porque él me podría empaquetar los regalos para que me los llevara envueltos, indicándome que no iba a decirle nada a su jefe, salvo proponerle la solución que él había dado por válida… ante mi negativa por motivos obvios (yo soy el cliente, y él se comprometió conmigo a un plazo de entrega de un producto determinado y unas condiciones y fechas que puso él y yo acordé aceptar), me ha dicho que pase cuando pueda, por la tarde, “a ver qué puede hacer… porque no quería causarme un disgusto” y me ha dicho también que “rebuscaría en el almacén” ya que “al ser un pedido pequeño” podría tener algún sobrante de otro pedido que estuviera hecho y almacenado. Es decir, bolsas polvorientas en mal estado, para entendernos: yo también he gestionado un almacén.

Para aliviar mi desesperación, he bajado a un “todo a cien”, un “chino“, vamos. Le he explicado al dependiente lo que me había pasado, y me ha ofrecido la solución, después de compadecerse de mí con “menuda putada“, y a un precio más que razonable: bolsas adecuadas para presentar los detalles. Además, con una sonrisa y un trato agradabilísimo. Es el bazar que se encuentra en la calle Vicente Lerma, en el Pla del Pou, cerca del ambulatorio.

Mañana por la tarde pasaré cuando acabe de trabajar por esa distribuidora de Manises, y escucharé lo que tenga que decirme. Sea como fuere, solicitaré la devolución de las bolsas, y que me reembolse el dinero sobrante por ellas. Además, pediré mi factura. Y si se niega a hacerla, el teléfono de la Policía Local de Manises es el 96 152 62 90, con lo que realizaré una denuncia en el mismo local. Va a ser peor el remedio que la enfermedad.

Sé que esto no debe preocuparme, y como me ha dicho mi hermano, tenemos que disfrutar del acontecimiento, después de todo lo que en sus apenas diez meses de vida ya ha pasado el chiquitín, pero cosas como esta son de todo punto inaceptables, y a un padrino con tantos reaños como yo le joden que no veas.

¿Te ha pasado algo similar? Cuéntamelo, da pelos y señales. Que no engañen a otros y les agüen la fiesta.

Actualización 15/10/2008: El chico de la tienda me ha llamado. Mágicamente ha “encontrado” las bolsas. Me las quería hacer llegar hasta por un mensajero. No le he dado opción, quería que me mirase a la cara. Por la tarde, he ido acompañado de Doña Esposa y las he recogido. He insistido en pagarle la diferencia que me descontó (los 10 céntimos por unidad), pero no ha querido cogerlo. “Por las molestias”. En fin, soy un padrino más feliz. Pero reitero lo dicho, todas las irregularidades tanto en la venta como en el trato.

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