Sacar a los chicos a pasear…
Con esta mítica frase se iniciaba una de las películas más memorables de la historia del cine de culto. Reservoir Dogs. Y quizá es la frase que he deseado durante mucho tiempo decir. Porque creo que ha llegado la hora de que me ponga mis gafas negras, mi traje negro y mi corbata negra… y me vaya con los chicos a pasear.
Hace casi un año se cometió un grave error. Y ya sé que hoy, al volver de vacaciones, toca que os cuente lo bien que me lo he pasado -que sí- y lo duro que se hace volver al tajo -que también. Pero hoy han pasado tantas cosas en tan poco tiempo, que me he puesto la banda sonora de Reservoir Dogs y la ropa de trabajo. He hecho un par de llamadas, y he “calentado el ambiente”… También podría haber llamado a este post “Cuestión de cojones“, pero como eso es un magnífico artículo de {es:Arturo Pérez-Reverte} y estaba cogido, pues me he decantado por el que he puesto.
No quiero divagar más. Tengo que poner una botella de cava a refrescar en la nevera, porque muy pronto, alguien que nunca se tuvo que ir volverá; y alguien a quien me encantaría tener a mi lado lo estará.
Me encanta hablar de cosas de las que sólo yo entiendo. Os dejo chicos… voy a ganarme mi pedacito de infierno.
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