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Reinterpretarse

Todavía recuerdo las largas tardes de invierno cuando Doña Esposa y yo jugábamos con gran avidez, con la saga de Prince of Persia para PS2. Mi manera de jugar le sacaba de quicio.

Ella buscaba exhaustiva y minuciosamente en cada rincón, rompía cada ánfora, cada caja, cada diván, cada pared que parecía falsa… buscando una mejora de vida, un arma nueva o cualquier otro premio.

Yo, en cambio, tiraba para adelante. Liquidaba a tantos guardias como podía y no esquivaba la batalla. No realizaba matanzas silenciosas, no me importaba ir de frente y que me partieran en trescientos pedazos.

Tal vez por eso, cuando aparecía el Dahaka, me cedía siempre el mando.

El cuento, con el tiempo, no ha cambiado mucho. Ahora, los signos externos me obligan a reinterpretarme. A explorar con minuciosidad, como hacía ella, cada recoveco, con cada posibilidad, con cada expectativa.

Pero en el fondo, siempre sigo deseando escuchar la voz del Príncipe Oscuro diciéndome aquello de… ¿Ves? Ahora nos va a matar para cerrar los ojos y cargar. Así venga ella y nos mate.

Las primeras decisiones

Es curioso como, ahora, tras un año, comienzo a ser más consciente de que las primeras decisiones que afectan o afectarán al futuro de mi hijo, las estoy comenzando (las estamos comenzando) a tomar ahora.

Decidir a qué Guardería irá el curso que viene, algo tan aparentemente trivial, será la antesala de su futuro educativo, puesto que le abrirá o cerrará las puertas del centro en el que quiero que estudie. Y no por capricho, sino por la educación que recibirá y que sentará las bases de sus conocimientos.

Lo que hacemos en vida, tiene su reflejo en la eternidad… que dijera Máximo…

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No me extraña

En ocasiones no te queda más remedio que navegar entre dos aguas. Quisieras no hacerlo, pero es lo que hay.

Una es la tranquila, la que conoces, la que controlas. La otra es la turbulenta, la que te excita, la que te atrae. Y aunque navegas en la una, no haces más que desear estar en la otra. Y cuando estás en la otra, el miedo te hace desear no haber salido de la una.

No me extraña que el mar robe tantas vidas. Los marineros más rudos son los que se dejan llevar en las aguas tranquilas, y agarran decididamente el timón en las tempestades.

Está decidido: yo soy más de tempestad. No me extraña en absoluto: nunca me ha gustado el camino fácil.

¿y sí nunca…?

¿Y si nunca hubiera hecho caso a mi mujer una tibia tarde de finales de verano y aún siguiera atado de pies y manos en movistar? ¿Y si hubiera dejado que aquél agente comercial de tres al cuarto hubiera impuesto su odio hacia mí en forma de acoso laboral? ¿Y si nunca hubiera tenido la sana idea de que debía dejar de lado un trabajo por muy bien pagado que estuviera? ¿Y si nunca me hubiera enfadado tan tremendamente con aquél niñato que se creía mi jefe con su sonrisa estúpida que te invitaba a partirle la boca de un puñetazo? ¿Y si nunca hubiera hecho clic en aquél banner rojo? ¿Y si nunca hubiera salido de estrangis a hacer aquella entrevista de trabajo? ¿Y si nunca hubiera actuado impulsado por el corazón más que por la cabeza? ¿Y si nunca me hubiera atrevido a dar un paso sin saber si había suelo al pisar, o un precipicio donde caer?

Probablemente, si nunca hubiera hecho todas esas cosas, hoy no estaría tan cerca como estoy de tener un hogar.

Pendientes de un hilo

Maneki NekoMi vida, después de hacer clic, ha cambiado sustancialmente. Y está a punto de hacerlo todavía más,porque ya hemos llegado a un punto de no retorno. Ya hemos encontrado el sitio al que queremos llamar nuestro hogar. Ahora sólo queda esperar. Pendientes de un hilo. De la contestación del banco. De que no se nos adelante nadie, ponga pasta “en negro” encima de la mesa a sus propietarios y fusilen nuestro sueño.

Sólo le pido a Dios que nos eche una mano. Únicamente necesitamos un poquito de suerte… y todo cambiará.

También en Siempre Juntos | Mieditos y casitas

Tremenda actualización: acabo de hablar con la inmobiliaria. La dueña ha decidido vendernos el piso a nosotros. Oficialmente, ‘Ohana: tenemos un hogar.

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