Agridulce sensación
Ayer, tras casi un mes sin coche, recogí por fin a mi pequeño C3. La sensación fue bastante reconfortante: parece ser que los problemas ya se han solucionado por completo -cruzo los dedos. Así que hoy ya he podido comenzar a hacer “vida normal”.
Esta mañana hemos ido por fin a la que va a ser nuestra nueva entidad bancaria, a tener una primera toma de contacto, y nos hemos llevado un ligero susto. Últimamente vamos así, a salto de mata. Pero espero sinceramente que todo sea un simple y “anecdótico” contratiempo de 45.000 euros y que pronto podamos estrenar hogar. Cruzo los dedos. 2009, aunque no ha empezado mal del todo… está teniendo un inicio bastante inquietante.
Ya queda menos…
En estos momentos me encuentro firmando la señal que, salvo alguna sorpresa inesperada con nuestro nuevo banco, nos va a conducir a tener nuestro nuevo hogar. Al final, 2008 ha terminado arreglándose, tras varias semanas de dolores de cabeza y de estómago. Menos mal. La resolución de todo esto, después de Reyes, si Dios quiere.
Veinte mil euros
Qué injusto es que estando en una situación ideal (tanto del mercado, como económica de la pareja), los bancos todavía recelen de alguien que quiere adquirir su primera vivienda. Tal y como está el patio, y por lo que he podido observar en estas dos últimas y ajetreadas semanas, parece ser que para que te den una hipoteca, ya no es sólo requisito imprescindible y sine qua non el que la pareja que solicita la hipoteca (que debe ser una pareja) tenga trabajo estable, con unos ingresos relativamente buenos, sin hijos y prácticamente sin cargas… también lo es tener esos alrededor de 20.000€ que se te van en gastos. Porque seamos sinceros: si durante X años no has podido ahorrar con un trabajo de mierda y un sueldo de mierda que apenas sí te permitían llegar a final de mes, ahora que tu vida da un giro y todo marcha perfectamente, es realmente triste el que te pongan tantísimas pegas en todas partes para tener tu pedacito de suelo propiedad.
Hemos llegado a tal punto en que veo una difícil solución a la crisis que sufre ahora mismo nuestro país. Y es muy triste que durante tantos y tantos años casi nadie haya sabido ver un poquito más allá, y advertir a todos que las vacas flacas iban a llegar.
Sigo sin piso pero animado. En algún banco -incluso uno que no sea el mío- me querrán, y seguro que habrá algun hogar para mí esperándome ahí afuera. Ahora mismo me pongo la chaqueta, me enfundo los cascos… y a patear en su busca…
La bola mágica número 8
Estamos a un sólo paso. Dependemos de una contestación, una simple contestación de la dueña de la casa para que nos den el préstamo o no. El banco se ha mostrado, tal y como pensábamos, tremendamente receptivo.
Mientras desespero, mi único consuelo es que la Bola Mágica Número 8 ha dicho que es “más que probable” que todo salga bien… Tengo los nervios jugando con mis tripas como si estuvieran manipulando obscenamente un cubo de Rubik…












