El botón de pánico
6 de abril de 2011 »

Seguro que no os habéis fijado, pero en la parte inferior de mi blog hay un botón rojo. Lo he dejado ahí para que, cuando os entre el pánico, podáis contactar conmigo.
Obviamente no, no me he vuelto de repente un “animal social”, parafraseando el título del blog de una amiga. Conservo intacta, eso sí, mi política personal respecto a mis perfiles sociales. Pero sí puedes pedirme consejo si sientes que tu vida en los medios sociales no está siendo especialmente productiva.
Muchas empresas tienen miedo de pulsar ese botón. Y si lo pulsan, y no tienes un título universitario (¿hay algún título universitario que te faculte como Social Media Expert?), y no les cobras la maldita vida por hacer lo que tienes que hacer, ni se detienen a hablar contigo.
Es triste, pero es así. En muchas ocasiones, no hay que hacer un master en dirección de empresas, ni conocer los significados de todos los términos “marketinianos” para tener dichos conocimientos. Es más, créeme, si ellos los tuvieran, no acudirían a los consultores profesionales. Ellos son los que no los tienen. Pero luego en el fondo, siempre hay algo que decir, porque de fúrgol, del gobierno y de internete, sabemos todos.
De hecho ahí reside el quid de la cuestión, en la experiencia. Cuando tienes la experiencia que te da más de una década trabajando y moviéndote en el ecosistema digital (hablaría de jungla pero no sé si procede), y encima resulta que como te has quedado medio calvo tienes dos dedos de frente, posees un gran número de papeletas para saber qué te estás haciendo.
Como el ajedrecista profesional respira blancas y negras, como el músico respira claves y notas, como el economista respira números y cifras… el profesional de internet respira medios y tecnología.
Esto, señores, se llama second nature. Y como todo, existe un botón de pánico para convocarla.
¿Y tú de qué me conoces?
21 de marzo de 2011 »

Hoy me ha vuelto a pasar. ¿Y cómo le dices que no? Alguien te sigue en twitter, y de repente quiere ser tu amigo en Facebook. ¿No os ha pasado?
Seguro que sí. Entonces inocentemente, respondes a su solicitud de amistad con un simple “perdona, ¿nos conocemos?” Porque resulta que de repente ves una cara y un perfil de un corte y unas características que se parcen más bien poco o nada a lo que tu considerarías “tu amigo”… y aquél te contesta “sí, del twitter”. ¿Y qué haces? Ya has cometido el grave error de establecer contacto humano… Pero, ¿es tu amigo de verdad? ¿Siquiera tu conocido?
En Twitter y Facebook sucede algo muy curioso. La interacción entre las personas es completamente distinta. En Twitter, te pueden mencionar, y lo harán, quieras o no. Y se puede formar conversación alrededor de ti, quieras o no. Es por eso por lo que utilizo Twitter de una manera “más profesional”. En Facebook, en cambio, tú decides si quieres que haya o no conversaciones, y si quieres eliminar a alguien parcialmente de tu timeline… y de los de los demás. Twitter no permite medias tintas.
Y si tú quieres , puedes hacer que alguien se entere de lo que pones en FB y no en Twitter, pero como en este caso, puede suceder que te aborde con una solicitud de amistad que incluso te hace preguntarle pór su identidad.
El problema al fin y al cabo, es una cuestión de moralidad. O de ausencia de ella. Perdón, ¿dije moralidad? No, quise decir excrecencias plúmbeas.
Mi próxima noche de los cuchillos largos se abstraerá de todas esas cuestiones, y aliviará la carga de mi timeline…
El cambio a lo social
1 de octubre de 2010 »
Hace poco, no mucho tiempo, pongamos un par de años, tener una cuenta en Twitter o Facebook abierta en el trabajo podría suponer un despido o una sanción grave. Hoy en día no concibo no poder acceder a mis cuentas en las redes sociales, o estar manipulando la BlackBerry, hablando con mis contactos o intercambiando información.
Las nuevas fórmulas de comunicación nos han permitido a los profesionales que trabajamos en las nuevas tecnologías tener acceso a recursos innovadores y conocimientos compartidos con una inmediatez que jamás nos hubiéramos podido imaginar. Los contactos llegan a fundir lo personal y lo profesional, difuminando la delgada línea que separa en muchas ocasiones las relaciones creadas bajo el paraguas de estas nuevas formas.
Cuando trabajaba en la compañía de telecomunicaciones del logo con forma de gusano verde retorcido, recuerdo que había una especie de pavor al “gran hermano”. El departamento de seguridad informática, el mismo que dardó casi siete meses en facilitarme una tarjeta de acceso adecuada al centro de trabajo (al que tenía que acceder con un pase provisional cada día), parecía estar detrás de la pulsación de cada tecla que hacíamos. O al menos es lo que nos hacían creer.
Contestar a un email personal o tener el móvil “con sonido” era algo así como estar buscándose un problema.
Cómo hemos cambiado. Bendito cambio de chip, si se me permite la expresión. En muchas ocasiones, el interactuar con gente ajena o externa al entorno laboral, compartir experiencias, permite tener una visión más amplia y panorámica de los problemas, y afrontar soluciones de manera más creativa, imaginativa y eficiente.
¿Acaso me equivoco?
Cuánto daño ha hecho Gran Hermano al periodismo
31 de mayo de 2010 »
Y no pienso hablar de televisión. Porque en el fondo de este asunto, no está la tele, sino el periodismo en general.
Y no, no es que la Milá haya confesado que mea en la bañera y los fabricantes de inodoros hayan echado el cierre. Alguno habrá que diga que eso lo hacemos todos. Hablo de algo más profundo. De hecho algo tan profundo que afecta a las nóminas de los sospechosos tertulianos habituales de los programas que inundan nuestras televisiones públicas. Hablo de la retroalimentación.
ÓSCAR GARCíA C.
Co-fundador y Director de Social Media de COMUN1CA. Consultor de Tecnología. Diseñador gráfico y web. Experto en CSS y WordPress. Consultor de Social Media, imagen corporativa, reputación y estrategia.
NUBE DE ETIQUETAS












