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¿Y tú de qué me conoces?

Hoy me ha vuelto a pasar. ¿Y cómo le dices que no? Alguien te sigue en twitter, y de repente quiere ser tu amigo en Facebook. ¿No os ha pasado?

Seguro que sí. Entonces inocentemente, respondes a su solicitud de amistad con un simple “perdona, ¿nos conocemos?” Porque resulta que de repente ves una cara y un perfil de un corte y unas características que se parcen más bien poco o nada a lo que tu considerarías “tu amigo”… y aquél te contesta “sí, del twitter”. ¿Y qué haces? Ya has cometido el grave error de establecer contacto humano… Pero, ¿es tu amigo de verdad? ¿Siquiera tu conocido?

En Twitter y Facebook sucede algo muy curioso. La interacción entre las personas es completamente distinta. En Twitter, te pueden mencionar, y lo harán, quieras o no. Y se puede formar conversación alrededor de ti, quieras o no. Es por eso por lo que utilizo Twitter de una manera “más profesional”.  En Facebook, en cambio, tú decides si quieres que haya o no conversaciones, y si quieres eliminar a alguien parcialmente de tu timeline… y de los de los demás. Twitter no permite medias tintas.

Y si tú quieres , puedes hacer que alguien se entere de lo que pones en FB y no en Twitter, pero como en este caso, puede suceder que te aborde con una solicitud de amistad que incluso te hace preguntarle pór su identidad.

El problema al fin y al cabo, es una cuestión de moralidad. O de ausencia de ella. Perdón, ¿dije moralidad? No, quise decir excrecencias plúmbeas.

Mi próxima noche de los cuchillos largos se abstraerá de todas esas cuestiones, y aliviará la carga de mi timeline…

Más social que nunca

En la barra lateral he incluído una serie de marcadores sociales, para que me sigáis por internete, enfermillos. ¿A que me ha quedado chulo?

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